La brecha de precios entre lo que percibe un agricultor en el campo y lo que paga el consumidor final en el supermercado sitúa al productor en una posición de extrema vulnerabilidad. Los últimos datos del Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos (IPOD) revelan diferencias que dificultan la rentabilidad de las explotaciones agrarias valencianas, sobre todo cuando hablamos de algunos productos, un escenario que las organizaciones profesionales atribuyen a la presión de las compras en el extranjero y a las lagunas de la legislación vigente.
El IPOD general sitúa el diferencial medio en un 3,68, lo que significa que el precio de los alimentos se multiplica casi por cuatro a lo largo de la cadena de distribución. Esta distancia es todavía más acusada en el sector agrícola, donde el índice medio se eleva al 3,84, frente al 3,15 del sector ganadero. El caso de la cebolla lidera la estadística de la asimetría comercial con un incremento del 522%: mientras el agricultor recibe de media apenas 0,36 euros por kilo en origen, el consumidor lo adquiere en destino a 2,24 euros (6,22 veces más). Comportamientos similares registran productos básicos como la lechuga, con un encarecimiento del 482%, o la patata, cuyo valor de venta se multiplica por 3,20 desde su recolección.












