Hace unos días, bajo una cabecera de antiguo prestigio, un periodista se burlaba donosamente de los socialistas, sosteniendo su escarnio en que los pobrecillos no habrían encontrado todavía un argumentario con el que enfrentarse a la desolación provocada por Zapatero. Habrá que admitir que tenía razón el periodista en su amargo sarcasmo: los socialistas parecen desorientados, atormentados a dudas, sin encontrar un supuesto argumentario que les sirva como relato de consigna. Por el contrario, aquel periodista demostraba tener uno y estar bastante cómodo en su desarrollo. Si me lo permiten, y parafraseando a Emil Cioran, no está demostrado que tener sea mejor que no tener.

No se ha valorado todavía el daño que los hechos vinculados a Zapatero están causando en la ciudadanía; tardarán tiempo en asentarse. Y ofrecen tantos perfiles desde tantos frentes, que el ruido hace imposible encontrar algo de luz entre la niebla. Se nos entrelazan discursos en perspectivas política, jurídica y moral, tan diversos que el debate mediático sobre Zapatero se convierte en un fárrago desordenado de vectores con políticos que dan mítines, profesores que dan clases y predicadores que dan homilías. Aunque, en este alboroto, los tres grupos de opinadores están convocados a comportarse como augures que ofrecen pronósticos. Bienvenidos al mentidero.