Celia Agüero Pereda | Santillana del Mar (EFE).- Hay exposiciones que se observan y hay otras que invitan a acercarse, a detenerse y, literalmente, a poner las manos sobre ellas como es «La piedra y la luz», la muestra que el fotógrafo paraguayo Fernando Allen inaugura este viernes en el Museo Nacional de Altamira, para acercar el arte rupestre paraguayo.
Quien entre en la sala del Espacio 1973 puede encontrarse, según reconoce el propio autor a EFE, con una sorpresa porque la exposición evita, incluso, explicitar desde el título que se trata de arte rupestre paraguayo.
La intención es que el visitante descubra poco a poco unas imágenes que se alejan deliberadamente de la mirada científica para acercarse al territorio de la emoción y la experiencia estética, en una muestra que puede visitarse hasta finales de octubre.
«Si fuese una exposición científica sería completamente diferente», explica Allen, ya que su propuesta utiliza los recursos del arte para alterar las escalas y transformar la percepción de unos grabados que, en muchos casos, apenas miden unos centímetros sobre la roca.
En Altamira aparecen convertidos en enormes fotografías textiles, algunas de más de metro y medio de tamaño, que resaltan la fuerza visual y la belleza de unos signos cuyo significado sigue siendo un misterio.









