Santillana del Mar (EFE).- Crear imágenes capaces de convertir la representación en una experiencia casi real es el nexo que une las pinturas prehistóricas de la cueva de Altamira con las fotografías de Joan Fontcuberta, pese a los más de 12.000 años que separan ambas manifestaciones artísticas.

Esa relación entre el primer gran arte de la humanidad y los mecanismos contemporáneos de construcción visual vertebra “Dioramas”, la exposición concebida por Fontcuberta (Barcelona, 1955) para conmemorar el 25 aniversario de la actual sede del Museo Nacional de Altamira.

a exposición recupera imágenes de dioramas tomadas por el artista durante décadas, pero incorpora también trabajos creados para Altamira y centrados en los modelos con los que la sociedad contemporánea ha imaginado y representado a los habitantes de la prehistoria.

El artista asegura, en una entrevista con EFE, que su muestra, integrada por una decena de imágenes, es “una prolongación” de la visita que el público hace a la neocueva, con composiciones tridimensionales utilizadas por los museos (dioramas) para representar episodios históricos o escenas de la naturaleza, que no documentan de forma directa un acontecimiento pero que sí lo reconstruyen y lo escenifican para hacerlo comprensible.