Junts per Catalunya afronta este fin de semana unas primarias que tienen que servir para encontrar, al fin, un candidato para competir dentro de once meses en las elecciones municipales de Barcelona. El reto no es menor, pero viene acompañado de un desafío de calado superior para el partido. En concreto, para el presidente de la formación, Carles Puigdemont, que pone a prueba cómo está su grado de poder dentro de Junts. El expresidente de la Generalitat, apoyado por el secretario general, Jordi Turull, había tratado, sin éxito, de evitar las primarias de varias formas. Primero, buscó un candidato independiente con potente proyección popular y, al no lograr seducir a nadie, optó por avalar a su antiguo jefe de gabinete, Josep Rius. La idea era cerrar filas y dejarle pista libre para demostrar unidad, pero el plan se torció por el empeño de Jordi Martí Galbis, discípulo de Xavier Trias. Rius se retiró alegando querer evitar una “confrontación”, pero al final afloraron otros tres aspirantes. Solo puede quedar uno. Este domingo por la noche se sabrá el desenlace.El nuevo alcaldable de Junts en Barcelona saldrá de la pugna entre edil Jordi Martí Galbis, la diputada en el Parlament Glòria Freixa, la diputada en el Congreso Pilar Calvo y el abogado Jaume Alonso-Cuevillas. Este viernes se vieron las caras en un debate donde, más allá de diferencias de tono y forma, quedó claro que sea quien sea el cabeza de cartel de Junts en la capital catalana dedicará la campaña electoral a reclamar más policía, mano dura contra la multirreincidencia y las ocupaciones, y menos impuestos. “Vas por el centro de Barcelona y ves a gente sin camiseta, y tangas y top less en el parque de la Ciutadella”, dijo Glòria Freixa. “Los patinetes por las calles es el máximo de inseguridad para nuestra gente mayor”, añadió. “Lo suscribo todo”, aplaudió Jaume Alonso-Cuevillas. En materia de vivienda, Pilar Calvo recuperó un hit de Junts, ideado en Sant Cugat del Vallès: priorizar el empadronamiento. Jordi Martí Galbis es un veterano en el Ayuntamiento y pregona con orgullo que se afilió a Convergència al cumplir la mayoría de edad. La experiencia y el pedigrí convergente le han valido para ganarse el apoyo de Xavier Trias, alcalde por Convergència entre 2011 y 2015 y último candidato de Junts en Barcelona, pero Jordi Martí nunca ha convencido a la cúpula de Junts. Sobre el papel, la dirección se ciñe a un deber de “neutralidad” para no desvelar a qué candidato prefieren. “Todos sabemos que de alcalde Trias solo hay uno y su legado no se hereda”, espetó Pilar Calvo durante el debate de este viernes. Calvo forma parte del equipo de Míriam Nogueras en el Congreso y cuando hizo público que apsiraba a ser alcaldable recibió el apoyo público de Gonzalo Boye, abogado de Puigdemont. En conversaciones internas, Jordi Martí explicitó que aceptaría dar un paso al lado si el partido encontraba un candidato de garantías, y Puigdemont puso empeño personal en tantear a algunos fichajes externos. Le ofreció al empresario Tatxo Benet, fundador de Mediapro, ser jefe de filas en Barcelona, pero la opción no fraguó. Tampoco lo aceptó el expresidente de la Generalitat Artur Mas, que no es militante de Junts. La retirada de RiusEntonces, Puigdemont y Turull sacaron el comodín de Josep Rius, vicepresidente de Junts y figura de la máxima confianza del expresidente desde que lo eligió para ser su jefe de gabinete en el Govern de la Generalitat. Rius, abogado de 52 años, era visto como una opción con recorrido para ofrecer pelea a Jaume Collboni, más allá de las municipales de mayo de 2027. Pero Jordi Martí Galbis no aceptó apartarse de la batalla. Le ayudó a mantener la posición un entorno más cercano a los postulados clásicos convergentes que a la convulsión asociada al procés y a Puigdemont, e incluso descartó un par de ofertas que oportunamente le llegaron para encontrar acomodo en el sector privado. En una carta abierta a la militancia, Rius aludió a que la voluntad de permanencia de Jordi Martí era un factor determinante para replantearse la conveniencia de seguir adelante con su candidatura, y justificó su decisión de apartarse como un gesto para evitar la “confrontación” y el “desafío interno”. Una reacción que se leyó como una voluntad pacificadora para no exhibir que en el trasfondo anida un pulso de algunos sectores del partido contra las directrices de Puigdemont.