Para quienes han optado por excluir el pan de su dieta debido a preocupaciones metabólicas, objetivos de pérdida de peso o por indicación médica para disminuir el consumo de harinas, la siguiente revelación podría resultar inesperada. El doctor David Céspedes, un reconocido experto en longevidad, confirma que el pan "puede cambiar su estructura al congelarse y después descongelarse, y tiene efectos reales en tu cuerpo", según sus afirmaciones.Céspedes explica que "El pan contiene un carbohidrato, el almidón, que se asimila con rapidez y eleva la glucosa en sangre de forma prematura". Al ingerir pan, el aparato digestivo transforma este almidón en azúcares sencillos que se incorporan velozmente al torrente sanguíneo como glucosa.Consecuentemente, en particular con el pan blanco, los niveles de azúcar en la sangre pueden dispararse poco después de su ingesta, lo que a menudo lleva a su eliminación o reducción en dietas. Este fenómeno se conoce como una respuesta glucémica alta. No obstante, el impacto varía según el tipo de pan; las variedades integrales, con semillas o de masa madre, tienden a generar un incremento más paulatino de la glucosa, gracias a su mayor contenido de fibra y a su método de preparación, siendo más aconsejables para el control de peso y una alimentación equilibrada.El doctor detalla que "Cuando se congela y luego se descongela, una porción de ese almidón se transforma en almidón resistente, lo que implica que ya no es digerido en el intestino delgado. En su lugar, alcanza el colon y nutre a las bacterias beneficiosas, funcionando como un prebiótico".Esto se traduce en la producción de una sustancia que estimula el desarrollo y la actividad de las bacterias intestinales saludables, contribuyendo así positivamente a la microbiota.Sin embargo, surge la pregunta: ¿cuál es el pan más adecuado para congelar? Un artículo de Xataka, citando a la nutricionista Nuria Romero, indica que "Lo mejor son "aquellos menos tostados, ya que son las que aguantan mejor el equilibrio de humedad entre la corteza y la miga"". Además, sugieren que "Por lo mismo, también es buena idea congelar panes grandes o aquellos que están hechos de harina integral o centeno".Es crucial considerar el método de congelación del pan: lo ideal es que esté fresco, cortarlo en rebanadas y envolverlo herméticamente para prevenir la entrada de humedad. Para su descongelación, "La forma más efectiva de hacerlo es a temperatura ambiente: colocándolo en una rejilla para que no se acumule humedad, la descongelación da muy buen resultado". En caso de apuro, se puede descongelar en el horno (a aproximadamente 160 grados, envuelto en papel de aluminio por 10 o 15 minutos) o directamente en la tostadora si son rebanadas.Es importante aclarar que el pan no se transforma en un alimento bajo en carbohidratos de forma drástica, ya que la mayor parte del almidón permanece digerible. Sin embargo, una pequeña fracción se convierte en almidón resistente, lo que, según el doctor, "puede mejorar ligeramente su impacto glucémico y aportar beneficios para la salud intestinal". En otras palabras, este sencillo hábito podría "reducir los picos de azúcar en sangre y hacer que absorbas menos calorías", resultando en "mayor saciedad, mejor control de glucosa y una digestión más saludable", finaliza el experto. Este pequeño ajuste culinario, combinado con una dieta balanceada, puede ofrecer ventajas significativas a largo plazo.