19 de junio, 2026 - 07h00La financiación climática global alcanzó 1,9 billones de dólares en 2023. En 2024, el planeta superó por primera vez el umbral de 1,5 °C de calentamiento sobre los niveles preindustriales. Ambas cifras son ciertas, y esa coincidencia lo dice todo: el dinero fluye más rápido que nunca, y el daño también. La paradoja es política e institucional, y tiene solución.La brecha entre lo que se invierte y lo que la ciencia estima necesario sigue siendo enorme. Los expertos calculan que las necesidades anuales de financiación climática oscilan entre 4,4 y 8,6 billones de dólares hasta 2050. Hoy invertimos menos de la mitad del límite inferior de ese rango. Más inquietante aún: la financiación para adaptación apenas representa un 5 % del total.En mayo de 2026, la OCDE publicó su informe sobre financiación climática de los países desarrollados para los países en desarrollo, con datos hasta 2024. Con 136.700 millones de dólares en 2024, se superó por tercer año consecutivo el objetivo de 100.000 millones acordado en París. Los países de bajos ingresos recibieron apenas el 7 % del total. Las naciones más vulnerables reciben una porción cada vez menor. El 69 % del financiamiento llega en forma de préstamos, no de donaciones.El problema no es la escasez de recursos. El desafío es encontrar la manera de redirigirlos, reducir su riesgo y movilizarlos hacia inversiones compatibles con el clima en países en desarrollo. Ese es el tema central de mi nuevo libro, Cómo acceder a las finanzas climáticas y sostenibles: una guía práctica para países, empresas y sociedad civil. El libro está estructurado en torno a los tres pilares del financiamiento climático internacional. El primero es el sistema de bancos multilaterales de desarrollo, que en 2024 destinó la cifra récord de $ 137.000 millones a financiación climática. El segundo pilar son los fondos especializados: el Fondo Verde para el Clima, con 15.900 millones aprobados para 286 proyectos en 130 países; el Fondo de Adaptación; el Fondo Mundial para el Medio Ambiente; y el nuevo Fondo para Pérdidas y Daños. El tercero es la financiación privada del clima, que crece más rápidamente que cualquier otro segmento.Para los Gobiernos, el libro identifica tres pasos esenciales. El primero es una taxonomía nacional de finanzas sostenibles. El segundo es una estrategia nacional de finanzas sostenibles. El tercero es una unidad de coordinación entre el Ministerio de Finanzas, el Ministerio de Medioambiente y los bancos de desarrollo. Para las empresas privadas, el libro desmonta uno de los mitos más caros: que la financiación climática internacional es un asunto exclusivo entre Gobiernos. No lo es. Las ventanillas del sector privado de los bancos multilaterales son algunos de los canales más importantes y menos utilizados disponibles para empresas en países en desarrollo. El libro detalla cómo acceder a estos instrumentos. Para las organizaciones de la sociedad civil, la guía señala vías de acceso. La modalidad de acceso directo del Fondo de Adaptación fue diseñada precisamente para entidades nacionales y subnacionales, incluidas las ONG. (O)