El 10% de los m�s ricos del planeta, el top de las grandes fortunas, son responsables de da�os ambientales multimillonarias, de entre 1,7 y 5,7 billones de d�lares, cifran que superan la financiaci�n total necesaria para cumplir con los objetivos clim�ticos y el freno a la p�rdida de biodiversidad.El coste ambiental atribuido a las acciones del 10% de las personas que m�s gastan, correspondientes, en general, a las grandes fortunas tanto a nivel mundial como en el pa�s m�s rico de cada continente, son responsables de da�os ambientales por valor de entre 1,7 y 5,7 billones de d�lares (1,47 billones de euros).Estas cifras superan la financiaci�n necesaria tanto para cumplir con el objetivo de financiaci�n clim�tica para 2035 acordado en la COP30 —993.000 millones de d�lares—, como para cubrir la financiaci�n necesaria para detener la p�rdida de biodiversidad hasta 2030 —657.000 millones de d�lares—, seg�n un trabajo realizado por un equipo de la Universidad de Leiden, en Pa�ses Bajos, y el Oxford Martin School de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, que se publica en Communications Sustainability, revista del grupo Nature."El art�culo pone de manifiesto que el 10% de consumidores m�s ricos de los pa�ses con m�s emisiones de gases de efecto invernadero ocasionan casi la mitad de los da�os generados por el cambio clim�tico", se�ala Jorge Olcina, catedr�tico de An�lisis Geogr�fico Regional en la Universidad de Alicante."El art�culo corrobora el desarrollo de un mundo cada vez m�s desigual, con una poblaci�n rica que es la m�s responsable del impacto del cambio clim�tico actual y de la p�rdida de biodiversidad que se est� produciendo en el planeta", se�ala en SMC Espa�a. "Sus efectos, por el contrario, son m�s evidentes y cuantiosos en las sociedades menos avanzadas, que no pueden hacer frente por s� solas a dichos da�os"."Es una muestra m�s de lo que se denomina la 'secesi�n de los ricos' en el mundo actual: una poblaci�n rica cada vez m�s rica y sin limitaciones en su consumo, frente a un porcentaje cada vez mayor de poblaci�n pobre que experimenta los efectos de las acciones de los primeros, agrega Olcina. "En ese 10% de poblaci�n m�s rica entrar�an las grandes fortunas y las empresas que representan de Espa�a, aunque en el conjunto mundial es una participaci�n muy peque�a frente a pa�ses como EE. UU., China o India".El trabajo se�ala la necesidad de que los m�s ricos contribuyan m�s y aporten m�s dinero a las acciones de mitigaci�n del cambio clim�tico, destaca este catedr�tico, adem�s de aplicar el principio de 'quien contamina paga'. "No obstante", puntualiza, "ese principio se ha demostrado poco eficaz para reducir el impacto medioambiental en los pa�ses donde se ha aplicado, porque los que tienen dinero terminan pagando para poder seguir contaminando. Hay formulas impositivas que pueden resultar m�s eficaces, como tasas por volumen de facturaci�n (empresas) o por volumen de patrimonio (personas f�sicas)."La recaudaci�n debe tener siempre un sentido finalista: que se utilice el dinero para medidas de reducci�n de cambio clim�tico y se realice una publicaci�n anual, transparente, de dicho proceso. Por otra parte, el dinero que pueda recaudarse de la poblaci�n m�s rica no debe ir solo a mitigaci�n, sino, sobre todo, a adaptaci�n de territorios y sociedades al impacto del cambio clim�tico, que no se va a poder solucionar en el corto y medio plazo".C�mo se calcula la desigualdad"El estudio es novedoso en el contexto de la literatura sobre huellas ambientales del consumo porque monetiza los impactos globales por decil de gasto provenientes de un estudio previo", ahonda Neus Escobar, investigadora en el Centro Vasco de Investigaci�n sobre Cambio Clim�tico (BC3).Este calculaba huellas de carbono (CO), f�sforo (P), nitr�geno (N), consumo de agua dulce y p�rdida de biodiversidad asociadas al consumo final en hogares, incluyendo energ�a, bienes y servicios. Para traducir las huellas de unidades f�sicas a monetarias, los autores usan valores del Manual de Precios Medioambientales de 2024, lo cual implica ciertas suposiciones para armonizar unidades de impacto o para escalar el valor de los impactos seg�n el PIB per c�pita.Todo ello les permite calcular el coste del da�o medioambiental total del consumo per c�pita del 10% m�s rico del mundo (entre 2.300 y 7.500 d�lares al a�o), siendo el de los consumidores en Estados Unidos el m�s elevado (entre los 19.000 y los 63.000 d�lares) y el m�s bajo el de los consumidores m�s ricos en India (entre 410 y 1.400 d�lares). El estudio concluye que esta cantidad cubrir�a con creces la financiaci�n necesaria para alcanzar, en su conjunto, los objetivos mundiales de conservaci�n de la biodiversidad para 2030 y los objetivos de mitigaci�n del cambio clim�tico.El estudio "contribuye al debate sobre la desigualdad o la imparcialidad de los objetivos globales de mitigaci�n y sostenibilidad, aportando pruebas de que los consumidores de los pa�ses m�s ricos provocan una mayor degradaci�n medioambiental a escala global, lo que implica que tienen una mayor responsabilidad por sobrepasar los l�mites planetarios, siendo el cambio clim�tico y la p�rdida de biodiversidad los aspectos m�s importantes".Al cuantificar estos impactos, "tambi�n pone de manifiesto el perjuicio econ�mico causado por la degradaci�n medioambiental, y sugiere que este deber�a compensarse de alguna manera, teniendo en cuenta que los costes del da�o medioambiental son m�s elevados en los pa�ses con un PIB per c�pita m�s alto. Esto tambi�n aporta argumentos al debate sobre la insuficiente financiaci�n internacional destinada a abordar las causas medioambientales, ya que, con frecuencia, son los pa�ses con un PIB per c�pita m�s bajo, pero con un mayor capital natural, los que deben asumir los mayores esfuerzos de conservaci�n y protecci�n ambiental".Escobar apunta tambi�n que en el estudio los da�os medioambientales se basan en el consumo final, mientras que las personas con mayores ingresos tambi�n acumulan m�s ahorros e inversiones que, en caso de tenerse en cuenta, aumentar�an a�n m�s la diferencia entre pa�ses y su supuesta responsabilidad a la hora de financiar las iniciativas medioambientales.M�s all� de identificar, plantear solucionesLos investigadores ofrecen una visi�n �til sobre la desproporci�n en la responsabilidad ambiental , aunque solo identifican el problema y no lo resuelven, se�ala por su parte Ana Hern�ndez, planificadora en Biodiversidad y Recursos Naturales de la Fundaci�n para la Investigaci�n del Clima (FIC).Desde la planificaci�n territorial, la experiencia indica que las pol�ticas ambientales globales solo tienen impacto real cuando se traducen en soluciones concretas: qu� especies proteger y d�nde, qu� cuenca hidrogr�fica necesita qu� medida de adaptaci�n, qu� comunidad rural puede protagonizar qu� transici�n. Sin ese aterrizaje, los billones de d�lares de "factura ambiental" que calcula el estudio son cifras sin consecuencias pr�cticas, a�ade Hern�ndez."El principio de Quien contamina paga es necesario, pero la experiencia ha demostrado que no es suficiente. Hace falta que quien conserva tambi�n cobre, que las comunidades rurales que mantienen ecosistemas funcionales reciban el reconocimiento econ�mico e institucional que hoy se les niega, y que la planificaci�n territorial basada en evidencia cient�fica act�e como puente entre los acuerdos globales y las decisiones que se toman a escala de una cuenca, un corredor ecol�gico o un municipio de cien habitantes".Encontrar soluciones, aunque sean intermedias, requiere considerar tres elementos de forma simult�nea, propone: "Marcos regulatorios con l�mites f�sicos reales, no solo econ�micos: hay da�os ecosist�micos que no se compensan con dinero y que deben prohibirse con independencia de la capacidad de pago del causante"."En segundo lugar", prosigue, "la responsabilidad de cadena completa, porque no puede seguir permiti�ndose que los pa�ses consumidores exporten su impacto ambiental a los pa�ses productores y contabilicen una huella limpia"."El tercero es la inversi�n sostenida en gobernanza local: los territorios que albergan la biodiversidad y los servicios ecosist�micos que queremos conservar necesitan fortalecer su capacidad t�cnica, sus recursos y su participaci�n real en las decisiones, no limitarse a ser receptores de pol�ticas dise�adas lejos de su realidad".Communications Sustainabilityhttps://doi.org/10.1038/s44458-026-00079-x