Imagen es percepciónDurante años, Trump fue el mejor amigo de Israel. Hoy, muchos se preguntan si esa relación acaba de entrar en una nueva etapa.

Durante años, Donald Trump fue considerado el presidente más cercano a Israel en la historia moderna de Estados Unidos. Reconoció a Jerusalén como capital, trasladó la embajada estadounidense e impulsó los Acuerdos de Abraham, que transformaron el mapa diplomático de Oriente Medio. Por eso, el memorándum de entendimiento con Irán, que firmó ayer en el Palacio de Versalles en Francia, en el marco de la cumbre del G7, representa mucho más que un acuerdo diplomático. Para muchos es el momento en que Washington decidió priorizar otros intereses por encima de la seguridad de su principal aliado en la región.

El argumento de Trump es evitar una escalada que disparara el precio del petróleo, alimentara la inflación y debilitara la economía global. Pero no hay que olvidar que él mismo inició ese caos. Sin embargo, lo que para Washington puede parecer una solución pragmática, para Israel luce como una concesión peligrosa.

El memorándum deja abiertos precisamente los temas que más inquietan a Jerusalén. Irán mantiene capacidad de enriquecimiento de uranio. La Guardia Revolucionaria Islámica no ha renunciado de manera definitiva a su influencia sobre Hezbolá, Hamás y otras milicias aliadas. Los mecanismos de verificación aún deben negociarse. Y mientras todo eso permanece sin resolver, se habla de US$300 mil millones en alivio económico para Irán, liberación de activos congelados y un gigantesco programa internacional de reconstrucción para la economía iraní.