De "héroe" a "puto loco", de "un líder estupendo" a no tener "ningún jodido criterio". Así ha evolucionado en los últimos meses la manera en la que Donald Trump, presidente de EEUU, se refiere a su aliado en Oriente Medio, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Dos ataques han quebrado lo que parecía ser una relación de apoyo incondicional entre Washington y Tel Aviv.PublicidadEl primero tuvo lugar en septiembre de 2025, cuando Israel lanzó una oleada de misiles contra un edificio de Doha (Qatar), aliada de EEUU, en el que se refugiaban los líderes de Hamás que debían negociar la paz en la Franja de Gaza. El segundo ataque ocurrió el pasado 14 de junio y también fue lanzado por Israel. Esta vez, la agresión iba dirigida a un líder de Hezbolá en Beirut (Líbano).Si el ataque a Qatar puso en peligro la alianza entre EEUU y la monarquía qatarí, la segunda ha estado a punto de hacer saltar por los aires las negociaciones de paz entre EEUU e Irán. En ambos casos, las intenciones de Netanyahu no se vieron completamente satisfechas. Según Haizam Amirah Fernández, director del Centro de Estudios Contemporáneos (CEARC), esto es algo a lo que el mandatario israelí está poco acostumbrado: "Durante años, Netanyahu se ha permitido actuar por encima de algunos presidentes de EEUU".Cuando lo ha hecho frente a Biden, Obama u otros mandatarios demócratas -Bill Clinton dijo a sus asesores en 1996 que "quién coño se creía" el líder israelí-, Netanyahu "se ha podido presentar ante la ciudadanía israelí como el tipo duro que planta cara a los presidentes demócratas blandos". Sin embargo, apunta Amirah Fernández, "no puede utilizar esta narrativa contra Trump" porque esto le dejaría sin apoyos en Washington. De acuerdo al análisis del experto, Israel no puede exponerse a este riesgo, ya que "es muy consciente de que la dependencia de EEUU es total. No tienen ni la superficie ni la población suficiente como para imponerse por sí solos en la región".Esto significa dos cosas. Por un lado, que existen grietas bajo la aparentemente imperturbable relación entre Trump y Netanyahu. Por otro, que estas no son, de momento, lo suficientemente hondas para provocar un punto de no retorno entre ambos. Más bien, considera Amirah Fernández, esta relación encuentra ante un posible proceso de "normalización" en el que el apoyo a Israel "no ponga en peligro otras alianzas de EEUU ni sus propios intereses".PublicidadLos ataques a Qatar y el "alto el fuego" en GazaEl 9 de septiembre del pasado año, varios cazas de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) lanzaron 10 misiles contra el complejo residencial propiedad del gobierno qatarí en el que se alojaba parte de la cúpula de Hamás, acabando con la vida de dos militantes de Hamás. Junto a ellos, fueron asesinados tres guardaespaldas de los palestinos y un militar qatarí.De acuerdo a las informaciones publicadas por la televisión israelí Channel 12 recogidas por Times of Israel, los daños colaterales de la misión no compensaron los logros, ya que toda la cúpula de Hamás y su equipo negociador sobrevivió. Además, el ataque costó a Netanyahu un enfrentamiento con Trump y con otros líderes mundiales, a los que el primer ministro de Qatar, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, instaba a "no contar con dobles estándares".Qatar alberga la mayor base militar estadounidense en Oriente Medio, lo que ha convertido al país arábigo en uno de los principales aliados de la OTAN, pese a no formar parte de la Alianza. Además, Washington y Doha mantienen una fructuosa relación comercial en el que juegan un papel fundamental energéticas estadounidenses como ExxonMobil y ConocoPhillips.PublicidadA la familia Trump también le ha resultado rentable el mercado qatarí en lo personal. Cinco meses antes del ataque de Israel, la Trump Organization, empresa de los hijos del presidente de EEUU, alcanzó un acuerdo para desarrollar un complejo de lujo en el país árabe. También el yerno de Trump, Jared Kushner, mantiene importantes inversiones en Qatar.Cuando Israel trató de acabar con la cúpula de Hamás en Qatar, los beligerantes estaban embarcados en la enésima negociación de paz después de casi dos años de genocidio en la Franja de Gaza. El interés de Tel Aviv por llegar a algún acuerdo era casi nulo, confirma Amirah Fernández. El ataque parecía haber sepultado la esperanza de que se alcanzara una tregua. En cambio, "Trump obligó a Netanyahu a llamar a Al Thani para pedirle perdón". Semanas después, ambos mandatarios hicieron público un acuerdo de paz para Gaza. Los palestinos no participaron en su redacción.El plan no llevó la paz al enclave palestino, que continúa siendo bombardeado por Israel. Además, premió la conducta genocida de Israel al permitirle mantener su dominación sobre la población gazatí. Sin embargo, el experto apunta a que, si no hubiera sido por la llamada a filas de Trump, Netanyahu hubiera continuado escalando los ataques a la Franja de Gaza.La guerra eterna de Israel y la tregua de EEUU-IránEl pasado 15 de junio, las partes anunciaron haber alcanzado un memorándum de entendimiento. Este será formalizado por Trump, su vicepresidente JD Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, el próximo 19 de junio en Bürgenstock (Suiza), al finalizar la cumbre del G7. A partir de ese día, los beligerantes se dan 60 días para alcanzar un acuerdo de paz.Es muy poco lo que se sabe del memorándum, ya que el texto aún no ha sido publicado, salvo unas pocas filtraciones y anuncios. Entre ellas, afirmó el primer ministro de Pakistán y mediador en las conversaciones, Shehbaz Shariz, se encuentra la condición de que Israel ponga fin a su operación en Líbano. Actualmente, el ejército de Israel ocupa alrededor del 6% del territorio libanés y, de acuerdo a las declaraciones realizadas el pasado 15 de junio por Israel Katz, ministro de Defensa de Israel, no piensan moverse de allí.A lo largo del 16 de junio, la confusión sobre si Líbano estaba o no incluido en el acuerdo EEUU-Irán ha ido en aumento. Trump ha contribuido a ello diciendo que este frente es "un problema menor" y que no entorpece el acuerdo con Teherán, para posteriormente afirmar que Netanyahu "debería ser más responsable" en Líbano y recordar al mundo que "sin EEUU (...) Israel no existiría". Para Amirah Fernández, esta inexactitud es una estrategia para "no torpedear el acuerdo".