Casi nadie toma en serio lo que dice. Desde que convirtió la Casa Blanca en escenario de un reality show, habla todo el tiempo. Dice cualquier cosa. Pronunciamientos amenazantes, pronto desplazados por palabras amigables. Advertencias apocalípticas que a renglón seguido dan lugar a promesas de prósperas alianzas. Frases disparadas a mansalva. Anuncios que pronto quedan en la nada. Afirmaciones poco después revertidas por otras afirmaciones. Marchas y contramarchas. Un batido de expresiones a veces grandilocuentes a veces contradictorias, pero siempre desconectadas de lo que está a la vista del mundo.

A pocos les importa lo que dice Donald Trump sobre la guerra contra Irán o sobre los conflictos de Israel en Gaza, Cisjordania y Líbano. Pero la ráfaga de insultos y acusaciones que le dijo a Benjamín Netanyahu sí importa, y mucho, porque resulta revelador de muchas cosas.

“Eres un jodido loco. Si no fuera por mí estarías preso. Estoy salvándote el culo. Por lo que haces, todo el mundo te odia. Y todo el mundo odia a Israel”.

Esto es lo único significativo y revelador que ha dicho el presidente de Estados Unidos en los últimos meses en lo referido a Oriente Medio. Confirma lo que está a la vista y procuran sin éxito ocultar el gobierno extremista de Israel y los lobbies de la diáspora judía que responden a esa dirigencia ultraconservadora: gritándole por el teléfono, le dijo al primer ministro israelí “por lo que haces...todo el mundo odia a Israel”