Todo cae del lado del desorden con la naturalidad con la que una piedra cae al sueloUna cocina.Cuando entro en la cocina de madrugada, tengo la impresión de haber sorprendido a los objetos haciendo el vago. La nevera se pone a enfriar de súbito con una aplicación sospechosa. La mesa sostiene el frutero con una solemnidad un poco teatral. El grifo gotea con una diligencia absurda. Hay martes en los que la realidad parece segura de existir. Pero algunos miércoles desprende un aire de improvisación, como si alguien hubiera montado el decorado (incluida la idea de que es miércoles) segundos antes de que abriera los ojos.Pienso entonces en Ludwig Boltzmann, físico austríaco del siglo XIX al que obsesionaba el hecho de que el universo tendiera siempre al caos: las casas se ensucian solas, los cuerpos envejecen, las facturas se mezclan en los cajones. Todo cae del lado del desorden con la naturalidad con la que una piedra cae hacia el suelo. Boltzmann imaginó que el orden, sin ser imposible, resultaba improbable. Si uno agitara durante miles de millones de años las letras de una imprenta, acabaría apareciendo por azar una página de Shakespeare. O una guía telefónica. O la lista de la compra. El orden como casualidad, en fin. Tiempo después, algunos llevaron esa idea a un extremo inquietante. Dijeron: quizá sea más probable que aparezca espontáneamente un solo cerebro con recuerdos falsos que un universo entero organizado como el que creemos compartir. Un cerebro convencido de haber tenido infancia, padres, colegio, amores, hemorroides y viaje de novios, aunque acabara de surgir en medio del vacío.Eso sería un cerebro de Boltzmann.La idea me ataca en los hoteles. Observo el pasillo y todo parece recién colocado: las puertas numeradas, la moqueta, el extintor... Como si el mundo careciera de un pasado auténtico y acabara de fabricarse uno, igual que las viviendas piloto donde los libros falsos y las manzanas de plástico simulan la vida. La realidad como hábito, más que como dato externo.Archivado EnOpiniónJuan José MillásFísicaCerebroCienciaCientíficosBiologíaAstronomíaWilliam Shakespeare
El cerebro de Boltzmann
Todo cae del lado del desorden con la naturalidad con la que una piedra cae al suelo











