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La idea de que los pollos poseen capacidades cognitivas complejas dejó de ser un planteamiento secundario en la etología. Trabajos recientes en cognición animal documentan que estas aves aprenden del entorno, reconocen a sus semejantes y ajustan su conducta según experiencias previas, un hecho que impulsa nuevos debates sobre su vida mental.

Una revisión muy citada en la literatura científica, publicada por Lori Marino en Animal Cognition, sostiene que la gallina doméstica muestra complejidad cognitiva, emocional y social comparable a la de otras aves y varios mamíferos. No obstante, la experta advierte que persisten vacíos importantes dentro de la investigación comparativa actual.

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La evidencia científica demuestra que las aves domésticas, como los pollos, poseen una memoria a largo plazo y un notable aprendizaje social. Estas facultades les permiten identificar a los integrantes de su grupo y estructurar jerarquías sociales estables. Asimismo, diversos experimentos ratifican su destreza para clasificar estímulos visuales sofisticados, que vinculan de forma directa con incentivos o situaciones de peligro.