Otra historiaUna empresa gobernada por la IA puede ser eficiente. La pregunta es qui�n responde si causa un da�o... cuando ese da�o no tiene rostro ni firmaCadena de montaje en la Ford Motor Company de Highland Park, en 1913.B. ARCHIVEActualizado Viernes,

junio

00:14Audio generado con IAUna empresa sin curritos ni jefes, personal de limpieza o consejo de administraci�n. Sin m�quinas de caf�. Dirigida por un cerebro digital que aprueba inversiones, compra y vende, lleva las cuentas, firma contratos... Una empresa donde las personas sobran salvo para cobrar como propietarias o accionistas. Bienvenidos al modelo de �corporaciones no humanas� que propone de Javier Milei. Un �rdago para convertir Argentina en polo de inversi�n en torno a una IA desregulada y a unas organizaciones gobernadas por el algoritmo.La idea, que hunde la ra�z en la ciencia ficci�n dist�pica, est� reciclada de una vieja obsesi�n hist�rica: la sustituci�n del juicio humano por uno m�s racional, m�s eficiente, m�s puro. Milei busca la f�rmula con un proyecto que �l mismo equipar� en el Financial Times al impacto que tuvieron las sociedades de responsabilidad limitada a partir del siglo XVII. Aquel salto jur�dico permiti� al capitalismo soltar amarras y navegar a toda vela al separar a las personas de las consecuencias totales de sus actos econ�micos: el comerciante pod�a arriesgar sin arruinarse, perdiendo solo la inversi�n si su apuesta naufragaba. El plan Milei empuja el l�mite, extendiendo ese principio a los agentes no humanos. Si una IA toma decisiones, genera riesgo, dice Milei. Y si hay riesgo, hay que limitar la responsabilidad para que exista inversi�n.A lo largo de los siglos, la humanidad ha fantaseado con la idea de mandar a los robots a picar a la mina. Ah� est� Player Piano, de Kurt Vonnegut, un libro protagonizado por millones de parados sin prop�sito vital tras haber sido liberados de la maldici�n del trabajo. En la vida real tambi�n se han dado experimentos. A comienzos del siglo XX, el taylorismo concibi� a un obrero-m�quina capaz de eliminar los movimientos superfluos a la hora de currar, pecados contra la obligaci�n de ser productivo como el de rascarse o ir al ba�o. D�cadas despu�s, ciertas corrientes tecnocr�ticas imaginar�an sociedades gobernadas por estad�sticas y c�lculos.El sue�o de la automatizaci�n ha sido siempre eliminar el error humano. El problema es que los humanos seguimos siendo necesarios, porque, si bien nos equivocamos, tambi�n sabemos corregirnos. La conjura de nuestros hemisferios cerebrales, que nos permite el milagro de entender la iron�a o adivinar un cabreo importante detr�s de una sonrisa, tambi�n nos ayuda a detectar excepciones, cuestionar �rdenes, negarnos a obedecer. Y esa capacidad tiene una consecuencia jur�dica fundamental: alguien rinde cuentas por la decisi�n tomada. Una empresa gobernada totalmente por la IA puede ser eficiente. La pregunta es qui�n responde si causa un da�o... cuando ese da�o no tiene rostro ni firma.