Mientras millones de personas siguen el Mundial 2026 y los estadios mexicanos vuelven a ocupar el centro de la escena global, otro país intenta hacerse visible detrás de la fiesta. A la par de los fuegos artificiales, las obras urbanas y las promesas de impacto económico que acompañan a la Copa del Mundo, miles de mujeres recorren cerros, desiertos, lotes baldíos y fosas clandestinas en busca de sus hijos desaparecidos. Son las llamadas madres buscadoras, un movimiento que nació al calor de una crisis que ya supera oficialmente las 133 mil personas desaparecidas en México. Guadalajara, la segunda ciudad más poblada de México y uno de los principales polos tecnológicos del país, es también una de las sedes centrales del Mundial 2026. Pero a pocos kilómetros del Estadio Akron, donde miles de hinchas se reúnen para seguir la Copa del Mundo, colectivos de familiares han documentado en los últimos meses el hallazgo de más de 500 bolsas con restos humanos en distintas fosas clandestinas (Las Agujas, Arroyo Hondo, Lomas del Refugio y Nextipac) ubicadas dentro de un radio de apenas 15 kilómetros alrededor del estadio. Las fosas clandestinas de Jalisco se convirtieron en uno de los símbolos de las desapariciones que atraviesa México México registra oficialmente más de 133 mil personas desaparecidas, una crisis humanitaria que se profundizó en las últimas dos décadas y que convirtió a cientos de madres en investigadoras, rastreadoras y buscadoras ante la ausencia de respuestas estatales o lentitud de las autoridades forenses. Son los propios civiles quienes vigilan las excavaciones mecánicas para asegurar que los cuerpos no vuelvan a ser ignorados.