Entre el caudal de imágenes en las redes sociales de preparativos del Mundial de fútbol, del que México es uno de los anfitriones, hay una que resulta desgarradora. En un vídeo se ve a una madre buscadora arrodillada ante una muralla de antidisturbios que le bloquea el paso a ella y a sus compañeras en su marcha pacífica hasta el Estadio Azteca. En uno de los fragmentos compartidos en Instagram la noche antes del encuentro deportivo, se le oye decir a los agentes, entre sollozos: “Déjennos pasar, por favor. Vean el dolor de cada uno de nosotros. No estamos haciendo daño”. Y sigue: “Queremos el regreso de nuestros hijos. Tengan compasión. Extraño a mi hijo. Seis años que he luchado”.“Queremos que nos comprendan (...) Mientras ustedes están aquí, están desapareciendo más personas afuera. No es justo. Ayúdennos por favor (…) Queremos a nuestros hijos de regreso, no los queremos fuera, no los queremos en fosas, no los queremos desatendidos, no los queremos en pedazos como los hemos encontrado”, les dice antes, aún de pie. Por momentos, una cámara enfoca el rostro compungido de algunos policías detrás de la visera del casco. “Estas manos… estas manos han sacado de debajo de la tierra lo que ustedes no se imaginan”. Cuando el mundo está mirando a México, estas familias han hecho visible la mayor herida social del país, la de los 134.000 desaparecidos, en una búsqueda que han tenido que emprender por su cuenta durante años, escarbando en la tierra de las miles de fosas sin apenas ayuda del Estado.Es la presión que han ejercido la que ha obligado al Gobierno a crear un mecanismo de alerta y a tomar medidas de coordinación para que se investiguen todos los casos. Han tenido que pelear cada compromiso, pese a que se trata de una crisis que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos califica de “generalizada” e “indiscriminada”, “cometida mayormente por integrantes del crimen organizado, así como por agentes estatales". Poco antes, el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU afirmó que hay “indicios fundados de que en México se han cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas como crímenes de lesa humanidad”. Los colectivos acudieron a Ciudad de México desde diferentes partes del país, porque el país está sembrado de fosas sin respuesta. Marcharon con fotos de sus hijos en carteles o en camisetas, algunas con velas en la mano. Unas palabras de la secretaria de Gobernación de México, Rosa Icela, encendieron la indignación al día siguiente, cuando dijo que está “recabando toda la información” para saber con qué apoyo habían llegado los colectivos a la capital.Vicky Ponce, la madre de las imágenes, le respondió en X dirigiéndose a la presidenta, Claudia Sheinbaum: “Llegamos de la misma forma que llegamos a cada búsqueda: con los pesos contados, cansadas, con hambre, rezando y sin saber si comeremos (...) Pídale a la Fiscalía, por favor, que en lugar de perder tiempo para saber cómo llegamos, se pongan a investigar cómo se fueron nuestros hijos”. El gesto de Ponce, que busca a su hijo Víctor Hugo, ha conmovido al país, pero el colectivo soporta también la indiferencia de muchos y los ataques de otros que esparcen sospechas sobre las víctimas. “Ayer mientras veía un video en X sobre las manifestaciones de las madres buscadoras, alguien me empezó a hacer comentarios despectivos… Con molestia me dijo que por qué no se iban a sus casas y los dejaban disfrutar el mundial agusto", escribe una usuaria en X. También hay imágenes de hinchas que se protegen de de la lluvia con carteles de desaparecidos. Las madres no querían boicotear el Mundial; querían ser vistas. Querían que quienes miran a su país por el fútbol tengan el retrato completo.