Los colectivos de madres buscadoras en México aprovechan que la atención del mundo está puesta en su país por el Mundial de fútbol para visibilizar su lucha (Santiago Gutiérrez)Las imágenes se incrustan en el centro del tórax. Las luces, chorros brillantes disparados por los reflectores, encienden el estadio. La población mundial —al menos buena parte— asiste expectante a la transmisión. Al inicio de la fiesta deportiva celebrada cada cuatro años. Adentro todo es color, celebración, ansiedad. Fuera del campo de juego pasa otra cosa.PUBLICIDADUn río de madres desesperadas, con carteles con las fotos de sus hijos y familiares desaparecidos, avanza entre cordones de seguridad que le coartan el paso. Se desgañitan ante las cámaras nacionales e internacionales y ante quien quiera oír. Se desarman preguntando dónde están. “Soy una madre desesperada, como todos mis compañeros. Déjennos pasar. Queremos de regreso a nuestros hijos”.Podría ser el video de las Madres de Plaza de Mayo en el Mundial ‘78, uno que hace casi cincuenta años trascendió fronteras —en días sin internet ni redes sociales— y advirtió al mundo sobre lo que estaba sucediendo en Argentina, sobre los secuestros sistemáticos y la desaparición forzada de personas. Y se volvió símbolo. PUBLICIDADNo lo es. Es 2026 y la manifestación que viaja por el mundo sucede en México, puertas afuera del mítico campo del Azteca, donde está por iniciar la Copa de la FIFA.PUBLICIDADLa similitud con las imágenes del ‘78 no son casuales. Las madres buscadoras de México aprendieron de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. La que no aprende es Latinoamérica. Leticia Hidalgo, fundadora del colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos Nuevo León (Funden NL), busca a su hijo Roy Rivera Hidalgo, secuestrado en su casa el 11 de enero de 2011 (Reuters)—Hacía mucho frío en esos días de enero del 2011 y, pues, preparé ropa abrigadora para ir a recoger a Roy a algún lugar que nos dijeran.PUBLICIDADLeticia Hidalgo habla desde México, pantalla mediante. Es la madre de Roy Rivera Hidalgo. Después del 11 de enero de 2011, cuando su hijo desapareció, se convirtió en buscadora, un término que todavía no estaba difundido en su país. Tiempo después fundaría el colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos Nuevo León (Funden NL). Pero ese enero, hace 15 años, no entendía qué había pasado.Su vida en San Nicolás de los Garza, la ciudad en la que vivía entonces, dentro del Estado Libre y Soberano de Nuevo León —uno de los treinta y un estados que, junto con la capital, conforman México — era sin mayores sobresaltos. Pero no sin miedo. En esos días el clima se había puesto espeso. PUBLICIDAD—Esos secuestros ya los habíamos empezado a notar aquí porque se había vuelto una ciudad prácticamente en guerra en ese momento, en 2011. Acá la violencia estuvo terrible. Había granadazos, había bombazos, había personas que colgaban en los puentes. Y en eso empezaron los secuestros. Se estaban llevando a los muchachos. La mayoría varones en edad productiva.Su hijo mayor, Roy, tenía 18 años. Estaba cursando el tercer semestre en la facultad de Filosofía y Letras. La noche del 11 de enero de 2011 entre diez y doce hombres encapuchados y armados se metieron violentamente en su casa, la amenazaron, golpearon a su hijo menor, Ricardo, de 16, robaron lo que pudieron y se llevaron a Roy. Algunos de ellos tenían chalecos de la policía municipal. PUBLICIDAD—Al verlos que estaban vestidos de policías no sabíamos a quién recurrir. Y lo primero que hacemos es ir con gente que estaba en puestos políticos o que tenía un rango para que nos dijera qué hacer. Y para nuestra sorpresa su consejo fue: “No denuncien”. “No denuncien, son los mismos policías. Ya lo van a regresar, sí los están regresando”. Y me decía un conocido: “A mí me acaban de secuestrar. Me lastimaron mucho pero ya me soltaron, me acaba de recoger mi esposa en algún lugar”. Pero, pues, pasaron dos semanas y mi familia decía: “No es posible que no estemos denunciando, nadie lo está buscando a Roy”. En ese momento, cuando se lo llevan, nos hacen llamadas pidiendo un rescate económico y nosotros lo pagamos. Al haber cumplido nuestra parte pensábamos que sí, que lo iban a soltar en algún lugar. Y pasaron los días y los días y los días y nos quedamos con la ropa todavía ahí, lista para ir por él. Después de que se llevaran a su hijo, Jesús Ramón Martínez Delgado, el 2 de diciembre de 2018, en Hermosillo, Sonora, Cecilia Delgado fundó el colectivo Buscadoras por la Paz Sonora (Reuters)
La desaparición forzada de personas en México y el trabajo de miles de madres que hacen lo que el Estado no: buscar a sus hijos
La apertura de la Copa Mundial de la FIFA en el mítico Estadio Azteca hizo trascender algo más que la celebración del encuentro deportivo: detrás de la ceremonia inaugural una manifestación de madres gritó ante las cámaras internacionales que le faltan sus hijos. Según los registros oficiales México cuenta con más de 130.000 personas desaparecidas a manos del crimen organizado. Y la cifra crece, de a miles, cada día. Cuando la policía es cómplice y el Gobierno no responde pero invierte millones en la fiesta del fútbol y celebra diciendo “La pelota volvió a casa”, ellas preguntan: “Nuestros hijos, ¿cuándo?”








