Para entender cómo ha llegado Jalen Brunson hasta la cumbre, solo basta echar un vistazo a sus zapatillas. El nuevo rey de Nueva York, líder de los Knicks que han desatado el furor en Manhattan y enamorado al mundo del baloncesto con su primer título de la NBA en más de cinco décadas, solo viste la línea personalizada de Kobe Bryant, el icono del baloncesto y el deporte mundial al que atletas de todas las especialidades y niveles recurren para inspirarse en el arte de la ‘mentalidad mamba’, la disciplina y autoexigencia llevada a otro nivel. Brunson era todavía un adolescente cuando conoció a Bryant y este le regaló un par que no iba a usar. El obsequio estuvo acompañado de una frase que terminó de moldear el espíritu de uno de los jugadores más duros de la actualidad: “¿Para qué trabajar si no quieres ser el mejor?” Pura coincidencia, ambos calzaban el mismo número y el chaval se lució con ellas días después en el instituto. Ahora, es el único atleta masculino que representa oficialmente la figura del exjugador de los Lakers a petición de sus herederos. La actitud obsesiva e inquebrantable del base de 29 años y 1,88 metros ha impulsado al jugador hasta el anillo y el premio al MVP de las Finales de la NBA después de una vida donde muchos le dijeron que jamás sería un jugador profesional, jamás de los jamases una superestrella. Fue Rick, el padre de la criatura, antiguo jornalero de la NBA en nueve franquicias distintas y ahora técnico asistente de Mike Brown en Nueva York, quien le mostró el camino hasta la excelencia a base de métodos inclementes que provocaron más de una bronca en el seno de la familia. La exhibición de Brunson en el quinto y definitivo partido de la final, con 45 puntos, demuestra que la fórmula ha funcionado. Igualó un registro de otro coloso, un tal Michael Jordan, en su último baile con los Chicago Bulls en unas Finales que fueron las más vistas desde 1998, precisamente las últimas para el dorsal 23. “Juega con una mirada estoica, desagradable”, cuenta sobre el flamante rey de Nueva York su exentrenador universitario, Jay Wright. Con los Villanova Wildcats, Brunson logró dos títulos universitarios en tres temporadas, y a pesar de su palmarés no fue elegido en primera ronda del Draft. Fue el número 33 del 2018, un regalo para los Dallas Mavericks, donde formó dupla y trabó amistad con Luka Doncic, que le mandó un mensaje de felicitación el otro día. Después de haberse ganado la titularidad tras varios cursos como sexto hombre de la plantilla y haberse exhibido en los playoffs de 2022, los Mavs lamentaron no haberle renovado. Leon Rose, antiguo agente de los Brunson, padre e hijo, y nuevo arquitecto deportivo de los Knicks ahora campeones, apostó fuerte por la familia. En junio incorporó a Rick como entrenador asistente, y un mes más tarde había convencido a Jalen. Su estilo de liderazgo terminó de fortificarse cuando aceptó una renovación con Nueva York en 2024 por 100 millones de dólares menos de lo estipulado en el convenio para un jugador All-Star de sus características. Fue nombrado capitán y esa decisión otorgó mayor flexibilidad al equipo, que pudo fichar a Karl-Anthony Towns, la última pieza del puzle que les ha llevado a la gloria infinita en la Gran Manzana. “En esta ciudad, no solo importa lo que logras, sino cómo lo haces”, valoraba entonces el expívot Patrick Ewing, uno de los ilustres de la franquicia. Estos Knicks ya son eternos y Brunson, el nuevo rey irrefutable de Nueva York.
Jalen Brunson, el rey de Nueva York que muy pocos vieron venir
El base y líder de los Knicks ha alcanzado la cima a los 29 años sin hacer demasiado ruido entre eruditos y compañeros de profesión













