Hoy cumplo 45 años y la relación que más ha evolucionado es la que tengo con el dinero; ha dejado de depender de lo que veo en los demás.
“Las personas miden su bienestar en relación con la gente a su alrededor, y los lujos se convierten en necesidades en un lapso extraordinariamente corto cuando las personas que te rodean mejoran su situación”, escribe Morgan Housel en Lo que nunca cambia en un mundo cambiante.
Housel da en el clavo de uno de los mayores peligros para el dinero: la combinación entre la comparación social y la cinta de correr hedonista, esa teoría propuesta por los psicólogos Philip Brickman y Donald Campbell en los 70 sobre la tendencia humana de regresar a un cierto nivel de felicidad tras eventos positivos, como ganarse la lotería, o negativos, como un accidente. Igual que una caminadora, los seres humanos nos ponemos nuevas metas buscando felicidad, pero, más dinero, un mejor puesto o un auto chulo, ¿cambiará nuestro estado emocional?
Empecé a escribir sobre finanzas personales en 2007 y tras 19 años de realizar entrevistas, reportajes, un libro e impartir decenas de conferencias sobre cómo nos relacionamos con el dinero, me queda claro que el bienestar y la tranquilidad financiera no están en eso que tiene el otro, sino en el conocimiento y aceptación que tenemos de nosotros.









