Noticia Exclusivo suscriptores Mientras el discurso financiero insiste en recortar gastos innecesarios, estudios muestran que esos pequeños consumos son una recompensa personal.Un ejercicio realizado por la consultora Ipsos muestra que salo un 25 % de las personas consultadas habla de eliminar los gastos hormiga, mientras que un 65 % menciona disminuirlos. Foto: IpsosPERIODISTA ECONÓMICO27.05.2026 14:56 Actualizado: 27.05.2026 14:56
Por años, los llamados “gastos hormiga” fueron vistos casi como enemigos silenciosos del ahorro. El café comprado fuera de casa, el snack de media tarde, el domicilio improvisado, la cerveza compartida después del trabajo o la suscripción que “parece barata” figuraban en los manuales financieros como pequeñas fugas capaces de desordenar cualquier presupuesto familiar.Pero hoy, mientras el costo de vida sigue presionando el bolsillo de los hogares, millones de personas parecen haber redefinido la manera en que entienden esos pequeños consumos cotidianos. Ya no se perciben solo como excesos o compras impulsivas, sino también como espacios mínimos de bienestar, pausas emocionales y recompensas personales dentro de rutinas cada vez más exigentes. LEA TAMBIÉN Esa percepción quedó reflejada en un estudio cualitativo de Ipsos realizado con 157 personas entre 18 y 65 años en Colombia, en el que la mayoría de los participantes aseguró que los llamados gastos hormiga no son solo fugas de dinero, sino pequeñas recompensas emocionales que ayudan a sobrellevar la rutina diaria.De hecho, el ejercicio encontró que apenas un 25 por cento de las personas habla de eliminar estos gastos, mientras que un 65 por ciento prefiere disminuirlos y convertirlos en decisiones más conscientes.Más allá del ahorro, lo que apareció en las conversaciones analizadas por la firma fue la idea de que para muchas personas estos consumos equivalen a pequeños momentos de felicidad. La cerveza compartida con alguien cercano, el snack que rompe la rutina o incluso invitar a almorzar a un amigo dejan de verse como gastos innecesarios y pasan a entenderse como mecanismos cotidianos de bienestar.Las góndolas de los supermercados que ofrecen todo tipo de snacks cada vez ocupan más espacio. Foto:Carlos Arturo García M.El 'gustico' necesarioSegún Sandra Godoy, directora del Área Cualitativa de Ipsos, detrás de este fenómeno existe una tensión constante entre el deseo de control financiero y la necesidad de disfrute cotidiano. En otras palabras, no se trata de una lucha entre responsabilidad y desorden, sino entre dos formas distintas de autocuidado, esto es, cuidar el bolsillo y cuidar también el bienestar emocional.Esa lectura emocional del consumo coincide con las tendencias identificadas por Mondelēz International en el mercado de snacks. Según la compañía, los consumidores “snackean” en promedio 4,2 veces al día y el 87 por ciento asegura que planea comprar snacks pensando en su bienestar mental. LEA TAMBIÉN Lo interesante es que ambos estudios coinciden en medio de un contexto económico complejo.La idea resulta clave porque muestra que el consumo dejó de estar asociado solo al hambre o a la necesidad básica. El snack pasó a convertirse en una pausa personal, una pequeña indulgencia consciente y un momento de satisfacción emocional dentro de jornadas marcadas por el estrés y la aceleración cotidiana.El fenómeno también refleja cambios importantes en la estructura de los hogares. Mondelēz señala que uno de cada dos hogares consumidores tiene hoy dos personas o menos, mientras los hogares unipersonales se acercan al 20 por ciento.Ese cambio modifica completamente la manera de consumir. Las compras dejan de pensarse para grandes familias y pasan a responder a momentos individuales, inmediatos y personalizados. El consumo se vuelve más íntimo, más emocional y menos colectivo.Las compras se piensan ahora para responder a momentos individuales, inmediatos y personalizados. Foto:MondelézY el bolsillo...Según Mondelēz, el 67 por ciento de los consumidores reconoce que administra su presupuesto con restricciones, aunque eso no significa que esté buscando lo más barato. Lo que aparece ahora es que las personas evalúan el valor emocional de aquello que consumen.De hecho, según el análisis de tendencias de la compañía, el 74 por ciento de los consumidores asegura que los nuevos sabores y texturas influyen en sus decisiones de compra, impulsados por el atractivo de productos virales, marcas populares y ediciones limitadas.Es decir, ya no se compra solo para satisfacer una necesidad práctica, sino también para participar de experiencias, conversaciones sociales o sensaciones de novedad. LEA TAMBIÉN Y probablemente esa tendencia se intensifique en los próximos meses con la llegada del ambiente mundialista y las grandes jornadas futboleras.Fiebre mundialistaHistóricamente, los eventos deportivos de alto impacto disparan categorías asociadas al consumo emocional y compartido: snacks, bebidas, domicilios, comidas rápidas y entretenimiento en casa. Cada partido se convierte en una excusa para reunirse, premiarse o romper la rutina cotidiana.Ahí es donde las fronteras entre gasto innecesario y bienestar emocional se vuelven todavía más difusas.Porque, aunque las aplicaciones financieras y los discursos de ahorro siguen promoviendo el control estricto del gasto, la realidad parece mostrar algo distinto y es que las personas no están dispuestas a renunciar del todo a esos pequeños placeres que sienten como mecanismos de compensación emocional.Se acerca el Mundial 2026, que tendrá coomo uno de los anfitriones a Estados Unidos. Foto:iStockLa clave, según coinciden ambos análisis, parece no estar en eliminar el consumo, sino en hacerlo más consciente.No se trata de negar el impacto financiero acumulado de esos gastos cotidianos, sino de reconocer que detrás de estos existe también una dimensión emocional que hoy pesa más en las decisiones de compra de los hogares. Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.















