En el espacio Nave Seis de Barcelona reunimos a los 18 diseñadores y a los cinco comisarios (tres de ellas son también diseñadoras de la exposición). La mayoría están entre los 25 y los 30 años.Nacho AlegreCada pieza debe pesar 2.470 gramos. Es lo que les dijeron a 18 jóvenes diseñadores de Barcelona. El plan era una exposición colectiva, y el lugar, la Milan Design Week 2026, que se celebró el pasado abril en la ciudad italiana. Es, en resumen, la feria donde todo el mundo quiere estar y donde se cuecen las tendencias del diseño. Pero, ¿cómo una variable como el peso puede ser pretexto y nexo de unión? “El peso es un parámetro casi siempre ignorado en los catálogos de mobiliario, a pesar de que incide directamente tanto en el coste del transporte como, a menudo, en el de producción: más material implica más peso y, por tanto, más gasto. IKEA, que ha incorporado el peso de forma sistemática en su catálogo, es una de las pocas excepciones. Tomando este dato a menudo olvidado como punto de partida, recopilamos los productos de mobiliario e iluminación de IKEA —las dos categorías presentes en la exposición— y calculamos una media, estableciendo una base común para todas las piezas de la muestra: 2.470 gramos”, cuentan Eva Castany, Pau Geis, Nicole Rambla, Irene Segarra y Marina Vera, el grupo que comisarió la muestra (tres de ellas, también diseñadoras, participaban en ella). Esta cifra, aparentemente accidental, invitaba reflexionar en torno a los materiales, el uso y, sobre todo, la responsabilidad que implica diseñar hoy. Este enfoque dialogaba directamente con el tema de este año del Fuorisalone, Be the Project (Convertirse en el proyecto), que ponía el proceso en el centro y situaba el diseño como un acto dinámico y para las personas, definido por la intuición, el compromiso y la transformación. Aparte de coincidir o no en la tipología (asientos, lámparas o accesorios), las 12 piezas de Dos Mil Quatre-Cents Setanta Grams tienen en común inquietudes y miradas, estéticas y materiales. Con una tolerancia de 100 gramos arriba o abajo, los creadores utilizan cerámica, tejido, vidrio y mucho metal, acero y aluminio. Hay algo generacional en el aire hazlo tú mismo, a lo Enzo Mari: sin adornos y reducido a lo puramente esencial, funcional y casi poético. El conjunto se mostró en el pequeño espacio a pie de calle de un amigo arquitecto, sobre una peana de madera clara en el suelo azul. Mínimos ingredientes y máximo efecto para un grupo de diseñadores con trayectorias diversas: algunos son independientes y otros ocupan puestos dentro de empresas importantes del sector, como Marset o Santa & Cole. 'Pes de la pèrdua', de Joan Carreras.Manel Studio'A-2470', de Roger Cos.Manel Studio'SistemaG15', de Bruno Blay y Jordi Font.Manel Studio'7 minuts', de Laia Canales y María Riera.'Mono', de Sergi Peguera.Manel Studio'Piti x tres', de Marta Torrent.Manel Studio'Entreluces', de Eva Castany.Manel Studio'Simona', de Isabel Miret & Marina Vera.Manel Studio'Divan inflable', de Pere Canales, Clàudia Ros y Aitana Soliv.Manel StudioLa sencillez y la concisión de la propuesta fue la clave del éxito de la instalación. Un soplo de aire fresco dentro del hipertrofiado calendario de la Milan Design Week, ahora también lleno de firmas de lujo deseosas de participar de la euforia que se desata cada año en la ciudad. La modestia de 2470 grams era un baño de realidad para rebajar el glamour: un retrato colectivo de la nueva hornada de creadores catalanes, que comparten un sentido de comunidad, un interés por los procesos manuales y artesanales y una aproximación más cercana al mundo del diseño. “Cada una de las 12 piezas explora los límites entre sostenibilidad, industria y artesanía, y busca un acercamiento más humano y lúdico a los objetos cotidianos”, prosiguen los comisarios. “Queríamos juntar perfiles distintos. La gran mayoría de los 18 no se conocían entre sí y nos pareció bonito generar un contexto en el que, más allá de tener la oportunidad de diseñar una pieza original para presentar en Milán en la que pudieran experimentar siguiendo impulsos propios en vez de los requisitos comerciales de sus respectivos trabajos, y de ponerla en diálogo con las de otros compañeros, se pudiera generar también un tejido, conexiones en una nueva generación de profesionales del diseño”. Porque algo que tienen en común es que “compartimos cierto desencanto con el sector. Las personas que conformamos el proyecto priorizamos otros puntos de la estructura cultural, como por ejemplo la diversidad de disciplinas, la paridad de género y dar oportunidades a los jóvenes”. “El punto de partida fue trabajar con la contradicción entre percepción y realidad: un objeto que parece pesado y voluminoso pero que se vuelve ligero”, dicen Clàudia, Pere y Aitana sobre su Divan inflable, un sillón hecho de lona de PVC cuyo relleno es el aire. “Los materiales principales de mi silla son acero inoxidable y un tejido elaborado con etiquetas de IKEA. El peso visual de la pieza recae precisamente en este tejido, fruto de una observación muy concreta: la excesiva cantidad y el gran tamaño de las etiquetas que acompañan a los productos. Recolectando etiquetas de diferentes hogares de mi familia y cosiéndolas junto a mi madre, quien me ayudó a materializar esta idea, conseguimos producir más de dos metros lineales de tela”, cuenta Irene Segarra sobre su asiento Made in. “Para lograr el peso específico de la pieza, combiné cálculos previos con pruebas prácticas en el taller. Ajusté el grosor y las dimensiones del acero a medida que desarrollaba el diseño, experimentando y perfeccionando hasta alcanzar un equilibrio entre peso, estética y estabilidad”, asegura Marta Torrent sobre su lámpara Piti x tres. Y en otra lámpara, Estel, de Luis C. Nikuradse y Andreu Jaumot, “la combinación de metal y pergamino crea una armonía entre fuerza y calidez, abrazando la imperfección y revelando el peso, tanto físico como conceptual”. Una premisa sencilla para objetos que invitan a una mirada más reflexiva sobre los materiales, la intención y el significado detrás de lo que elegimos crear. O consumir.Para despedir el proyecto, Dos Mil Quatre-Cents Setanta Grams se expone ahora en Barcelona solo cuatro días, del jueves 18 al domingo 21 de junio, en Carrer de València, 101.
Reunimos a los 18 jóvenes diseñadores catalanes que conquistaron Milán: “Compartimos cierto desencanto con el sector”
12 piezas de dos kilos y medio cada una: la muestra ‘Dos Mil Quatre-Cents Setanta Grams’, una muestra de la nueva generación de creadores barceloneses, fue un soplo de aire fresco en la Milan Design Week el pasado abril. Ahora se expone en Barcelona del 18 al 21 de junio








