Los folios detallaban cómo abordar catástrofes y quedaron atrapados entre los dos trenes. Hoy se cumplen cinco meses del siniestro
En mitad de la tragedia en Adamuz, se coló una imagen asombrosa: decenas de folios quedaron atrapados en las vías, entre los trenes Iryo y Alvia, con anotaciones manuscritas sobre tragedias, emergencias y catástrofes. Hace justo cinco meses, el destino quiso colocar el pasado 18 de enero entre los cadáveres, las maletas y los raíles, unas páginas con frases y esquemas que describían cómo actuar en caso de desastres. La primera comitiva de los responsables de Emergencias que atravesó los 800 metros que separaban ambos trenes se topó esa noche con las páginas, y se quedaron atónitos ante esta sincronía casi lírica, digna de un relato de Paul Auster.
“Había muchos folios, casi todos cogidos con las piedras. Escritos a mano, fotocopias de libros, esquemas con palabras destacadas como emergencias, competencias de un Cuerpo policial y otro (…) Esos folios han estado allí días después, entre los restos de sangre, guantes de sanitarios, mantas térmicas, bolsos, móviles, chaquetones, mochilas, zapatos y muchos enseres. Es mucha casualidad que salieran por las ventanas o los sacaran los bomberos, pero allí estaban”, relataba incrédula una persona que pide anonimato y que formó parte de esa primera visita al escenario del siniestro, varias horas después del descarrilamiento. Mientras los políticos y técnicos avanzaban, los drones y helicópteros recorrían las vías desde el aire para descartar que aparecieran más cadáveres en las laderas, más allá de los taludes, debido a la violencia del impacto entre los trenes.







