Las labores de investigación ponen el foco en el vagón 6 del Iryo, el primero en descarrilar
Adamuz continúa masticando la tragedia del accidente ferroviario del pasado domingo. Los fallecidos ya suman 41, a la espera de que los servicios de rescate y emergencias rescaten los cadáveres de posibles víctimas que sigan dentro del amasijo de hierros de los vagones más destrozados del suceso, los de tren Alvia 2384 que se dirigía a Huelva desde Madrid. Rocío Flores, de 30 años, viajaba en el cuarto vagón de este tren, a unos 200 kilómetros por hora, cuando a las 19.45 sintió una gran sacudida. “Volamos por los aires”, dice la mujer. Otro tren, de la empresa Iryo con el número 6189 y a 210 kilómetros por hora, acababa de descarrilar y tres de sus vagones invadieron la vía contigua, por do...
nde en ese mismo momento circulaba el tren donde viajaba Flores. Un accidente fatal que ocurrió a la altura del pueblo cordobés de Adamuz (4.100 habitantes) y que ha causado 152 heridos, de los que 39 están hospitalizados en varios centros de la comunidad andaluza (13 de ellos en las Unidades de Cuidados Intensivos).
Del centro del desastre se han abierto varios carriles de trabajo. El primero de ellos consiste en las tareas de identificación de los fallecidos y la gestión de las 43 denuncias por desaparición. Sobre esto último, según fuentes oficiales, puede haber duplicidades. Este lunes, el más negro de este enero, tanto el ministro de Transportes, Óscar Puente, como el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, comparecieron en un pabellón de Adamuz donde advirtieron, entre otras cuestiones, de que el número de muertos puede subir. “Hay todavía unas zonas que son opacas tras el chequeo de los bomberos, más allá no se puede seguir si no es con maquinaria pesada”, dijo Moreno.






