Elena viajaba en el vagón 1, asiento 19 C la noche del fatídico accidente de Adamuz. “No volveré a montar en un tren, no lo he vuelto a hacer ni lo haré”, asegura nada más empezar la charla con elDiario.es Andalucía para hablar de cómo un libro la está ayudando a salir adelante. Se llama Adamuz, el último tren, y está escrito por ella misma. Nació como un diario y ahora ya ha agotado su primera edición.
Nacida en Huelva hace 28 años, es licenciada en Criminología, y como muchas más el pasado 18 de enero volvía de Madrid de hacer el examen para cumplir el sueño de su vida: ser funcionaria de prisiones. Mantiene secuelas físicas más que importantes, pero lamenta, sobre todo, que el tren la ha dejado sin la posibilidad de trabajar en lo que siempre ha querido.
“Hay días que estoy bien, y otros son una mierda”, dice gráficamente, mientras enumera que el accidente la dejó con fractura total del pie izquierdo, pelvis y sacro, cuatro costillas y perforación de tímpano. Tiene una cicatriz en la cara de nueve centímetros, y aún tiene cristales dentro del cuerpo, que espera que le retiren en unos meses, cuando estén más expuestos para que en quirófano no den problemas.
Se mueve “entre la silla de ruedas y las muletas”, después de “103 días sin poder siquiera apoyar los pies en el suelo”. El 30 de abril se pudo poner en pie poco a poco, aplicando a su cuerpo una “carga progresiva, como dice el traumatólogo”. Y luego está la carga psicológica que le ha dejado el accidente, que le provoca “hasta náuseas si paso por una estación de Renfe”. Para ayudar a superarlo todo, nació su libro, que está teniendo una aceptación que casi le cuesta asimilar.







