En la parte alta del pueblo burgalés de Santibañez-Zarzaguda una verja metálica da acceso a la que es, probablemente, la mayor reserva de gallinas castellanas negras que se conserva. En un espacio al aire libre, campan a sus anchas 80 aves de esta especie que un día fue la gallina ponedora por excelencia en España para ser posteriormente llevada al borde de la extinción por sus más productivas primas de color marrón o blanco desde los años 50 del siglo pasado."Realmente es una raza maravillosa, es nuestra favorita, es la principal raza autóctona de la península ibérica", defiende, gallina en mano, Juanlu Carranza, un burgalés de 39 años que forma parte de Huerteco, la asociación local responsable del gallinero. "La gallina marrón la desbancó porque en un periodo corto de tiempo pone más huevos, en un año y pico pone muchos más que la gallina castellana. Sin embargo, la negra produce durante más años así que para un corral doméstico o casero es genial, porque tampoco nos gusta matar gallinas cada dos años porque están viejas. Esta aguanta más años y, aparte, es una raza que es nuestra".Esta raza de gallus gallus domesticus es completamente negra con algún destello verdoso metalizado y con la oreja blanca. Sus patas, al contrario que otras gallinas, son de color gris pizarra. Existen actualmente en España unas 2.500 gallinas castellanas negras, según los datos censales oficiales del programa de conservación del Ministerio de Agricultura (ARCA). La cifra es realmente modesta si consideramos que una granja mediana puede alojar una población de entre 20.000 y 100.000 gallinas, lo que muestra a las claras cómo esta especie ha quedado totalmente excluida de la explotación agroindustrial.Desde finales del siglo XX, diversos programas de conservación en España comenzaron a recuperar y fijar su estándar racial, apoyados por criadores, asociaciones avícolas y centros de conservación genética. Uno de esos programas es HOVO, de Huerteco. La asociación burgalesa lleva años luchando por la conservación de la gallina castellana negra criando y cuidando la raza en su corral de Santibáñez-Zarzaguda, haciendo visitas a los colegios de la zona con una incubadora y un gallinero portátil y fomentando y facilitando que cualquiera con espacio para un corral adopte a varios de estos animales."Necesita muchísimos menos cuidados que un gato o un perro, pero parece que impone un poco más", declara Juanlu. "Con que tenga un bebedero, un comedero, un sitio para dormir como una pequeña caseta y un sitio donde poner los huevos, que puede ser una cajita, sería suficiente. Y no hace falta ir todos los días porque el agua y la comida les puede durar una semana, si tenemos los bebederos y los comederos un poco dimensionados".Adoptar a una pequeña familia gallinácea requiere, además de adecuar un espacio para su bienestar y cuidados básicos, algunos trámites burocráticos que los activistas de Huerteco explican también cómo hacer a quién lo desee. En el caso de Burgos, se requiere una comunicación al Ayuntamiento de la localidad en la que residirán las gallinas, que tendrá que trasladarse posteriormente a la Unidad Veterinaria de la Junta de Castilla y León, solicitando el registro ganadero. El precio de un ejemplar de tres meses de esta raza suele estar en torno a los 25 euros y puede llegar a vivir hasta 10 años de los que la mitad sigue produciendo huevos.Talleres en los colegiosCargar la incubadora y un pequeño corral portátil en la furgoneta, coger los huevos y las dos gallinas que se quedarán 21 días en el colegio y, por último, preparar a la estrella del taller: Anacleta. Esta es la rutina habitual de la burgalesa Inmaculada del Río, de 42 años, antes de partir a cada uno de los talleres que imparte en colegios de la ciudad de Burgos. El proyecto está subvencionado por el Ayuntamiento y lo lleva a cabo Huerteco para fomentar el conocimiento y la concienciación de los niños con la preservación de la gallina castellana negra.Inmaculada crió a Anacleta en su propia cocina, por lo que esta gallina, por supuesto castellana negra, se presta mansamente a ser tocada e investigada por los niños sin ofrecer la habitual resistencia gallinácea al contacto humano. Es también una pieza clave de los talleres. Durante las tres semanas siguientes, los estudiantes podrán ver con el ovoscopio cómo se va desarrollando el embrión dentro del huevo y disfrutar unos días de la compañía de los polluelos."No hay nada mejor que una concientización. Dar a conocer a estas gallinas y que ellos noten esta especie como suya propia, como de Castilla, con ese contacto directo, es que no tiene nada que ver antes de que yo llegue a darles la charla a después de cuando hemos tenido el proyecto, les he hablado de que es la que se llevó Cristóbal Colón. Ya es como: 'Ah, es la gallina negra castellana, la nuestra'", declara Inmaculada, que ha realizado el taller este curso en unos 17 colegios.El corral portatil se suele instalar en el patio y las dos gallinas ponedoras van proporcionando huevos durante las tres semanas que los propios alumnos recogen y se reparten según deciden en cada colegio. "Las ven en el recreo, las sueltan, las cogen y las ponen nombre. Si tú lo dices aisladamente y así, en frío: 'Esto es un proyecto para conservar la gallina castellana'. Pues sin más. Pero si te dicen que es para conservar a Chocolate y a Café, uh, ya no hay nada que ver".Tras los 21 días, que a veces se alargan hasta el mes, la experiencia llega a su fin y la incubadora, las gallinas y los polluelos abandonan el colegio y vuelven a la furgoneta de Inmaculada rumbo hacia nuevos destinos entre los lamentos de los niños. Es el circo itinerante de las últimas gallinas de una especie que pobló los corrales castellanos durante siglos y que ahora está al borde de la extinción, aunque quizás un poco menos tras cada uno de los talleres de Huerteco.Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a pablo.rodero@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.