Hay personas que llegan a una isla buscando sol. Otras se aferran a la estacionalidad para encontrar una oportunidad profesional e incluso las hay que recalan en ella para fijar una jubilación tranquila. El londinense Silas Wager aterrizó en Mallorca hace cinco años con algo bastante menos habitual: una colección de aproximadamente 12.000 vinilos acumulados durante más de tres décadas. Lo hizo en una antigua panadería del casco histórico de Palma, espacio que reconvirtió para crear su tienda-estudio, Eclectic Journeys, un espacio que aspira a ser refugio para la curiosidad musical y un lugar donde nacen canciones y en el que todavía se cree en el poder de los encuentros inesperados.

Aquellos discos, reunidos desde que tenía 17 años recorriendo tiendas, mercadillos y colecciones privadas, no eran solo una afición, sino el hilo conductor de una vida entera atravesada por la música, la búsqueda y la escucha como forma de conocimiento. Hoy, a sus cincuenta y tantos años, esos mismos discos se han convertido en el centro de un proyecto vital que encontró en Palma el lugar adecuado para desarrollarse. Y es que la trayectoria de Wager difícilmente encaja en la imagen clásica del comerciante especializado o del emprendedor cultural. Antes de abrir su tienda, había encadenado una secuencia de oficios tan dispares como reveladores de una vida alejada de la linealidad y marcada por la adaptación constante: fue paperboy —repartidor de periódicos— en su adolescencia; trabajó como cartero, como instalador de moquetas y como diseñador gráfico.