Tras sus estrictos controles de seguridad, escondidas entre reviradas calles llenas de árboles, La Moraleja, la zona con la renta media más alta de España, esconde al común de los mortales sus secretos, que son los de algunas de las personalidades más ricas del país. A salvo de miradas curiosas, tiburones de los negocios, artistas, arquitectos y familias de rancio abolengo se entremezclan con futbolistas, influencers y demás fauna recién llegada al club de los más ricos. Ahora, a la extraña ecuación hay que sumarle un elemento más, los últimos recién llegados: las familias más ricas de Latinoamérica, hombres y mujeres que se han dado cuenta de que para vivir Madrid no hay por qué residir en el barrio de Salamanca ni tener el Retiro a golpe de vista desde la ventana de un ático. La Moraleja ofrece placeres menos castizos pero más discretos.Quienes se conocen la zona como la palma de su mano ya han notado el fenómeno. “En los últimos años ha incrementado la presencia de familias principalmente sudamericanas que llegaban a Madrid buscando residencia en el barrio Salamanca o Chamberí, pero que finalmente han optado por La Moraleja”, explica Sandy Rabinovich, directora de ventas de Engel & Völkers, una inmobiliaria especializada en viviendas de lujo que cifra en un 11% el aumento del precio del suelo en La Moraleja los últimos tiempos, algo en parte debido a esta última diáspora. Una de las familias que hizo sus maletas hace poco para llegar al exclusivo barrio fue la de Yolanda Ruiz, empresaria mexicana vinculada a El Gayo Real Estate, una empresa de reformas. Llegó a Madrid tras pasar por EE UU en busca de mayor seguridad y estabilidad. Tras casi tres años viviendo en el barrio de Salamanca, decidió trasladarse a La Moraleja, donde compró una vivienda de 500 metros cuadrados sobre una parcela de casi 3.000. “Buscábamos algo más parecido a nuestro estilo de vida, con más servicios y espacio, como en México o en EE UU”, explica. La elección también estuvo marcada por motivos prácticos: la cercanía al colegio de sus hijos y la posibilidad de contar con jardín, piscina y acceso a actividades deportivas como golf y piscina. “Pensé que iba a extrañar el centro, pero hoy prefiero vivir en La Moraleja”, asegura. La empresaria aprecia además un cambio en el perfil del vecindario: “Aquí hay más españoles que donde vivíamos, que está claramente dominado por latinos. Eso hace que la zona nos guste incluso más”.No es la única que piensa así. Sergio Suárez, socio director de Suma Inmobiliaria, lleva años observando este desplazamiento y vendiendo a este nuevo público sus mejores casas. “Después del covid, muchos latinoamericanos que vivían en el barrio de Salamanca se dieron cuenta de que, por mucho dinero que tengas, no es lo mismo vivir entre cuatro paredes que en una casa con jardín y espacio exterior”, relata. Desde entonces, cuenta, la llegada de este perfil —principalmente mexicanos, venezolanos y argentinos— ha crecido de forma notable, impulsada por redes de contactos y por la proximidad de colegios internacionales. Se trata, en gran medida, de familias que buscan residencia estable y que cuentan para ello con presupuestos que van desde los dos millones de euros para pisos en urbanizaciones como El Soto hasta más de 10 o 15 millones para chalés independientes. La presión de este capital extranjero, añade, ha contribuido a elevar los precios: “Una casa que antes del covid se compraba por dos millones y medio ahora no baja de cinco”, calcula Suárez.A este auge responde también el interés del capital internacional, especialmente latinoamericano, en el segmento más exclusivo del mercado. Según datos de la consultora inmobiliaria Colliers, entre 2021 y 2023 los inversores latinoamericanos destinaron más de 1.200 millones de euros a la compra de viviendas de lujo en Madrid. Lo hicieron en un contexto en el que la demanda internacional ya representa el 70% de las operaciones en este segmento. “El comprador latinoamericano tiene hoy un papel muy relevante en La Moraleja: busca principalmente parcelas amplias, privacidad, seguridad y cercanía a colegios internacionales”, explica Victoria García‑Carranza, directora de Residential Sales Advisory de Colliers. Se trata, añade, de un perfil mayoritariamente familiar y residencial, que prioriza el estilo de vida frente a la ubicación céntrica. Engel & Völkers detalla que, aunque el cliente nacional sigue siendo mayoritario en la zona con el 78% de las operaciones, los extranjeros acaparan ya el 22% de las compras. El perfil, ahondan, es más diversificado que nunca.No es Dubái ni Miami: Madrid se ha consolidado como la primera ciudad del mundo en atraer inversión inmobiliaria de lujo, según el informe Barnes City Index 2026. Para el agente inmobiliario Carlos Mazón fue una apuesta clara. Llegó a Madrid en 2021 y, como muchos otros latinoamericanos, eligió inicialmente el barrio de Salamanca antes de dar el salto a La Moraleja. “Cuando tienes hijos pequeños, llega un momento en que necesitas espacios donde correr, jugar o hacer deporte, y eso en el centro es muy complicado”, explica. En su caso, el detonante fue precisamente ese cambio de prioridades: frente a la “vida de ciudad”, buscaba un entorno más cercano al de su país, con zonas verdes, clubes y viviendas más amplias. Además, destaca un factor diferencial en este perfil comprador: “El latino escoge primero el colegio y luego la casa”, reconoce. Esto explica la concentración en urbanizaciones como La Moraleja, donde se ubican algunos de los centros educativos internacionales más demandados. A su juicio, esta llegada masiva ha tenido un impacto directo en los precios: “Desde 2021 la Moraleja se ha duplicado”, sostiene, tras haber reformado su propia vivienda, adquirida por 1,7 millones y cuyo entorno ya se mueve en cifras cercanas a los cuatro millones.A este proceso de presión de la demanda se suma además un cambio en la forma de operar del propio mercado. “El modelo de negocio se está sofisticando claramente”, explica Miguel Ángel Gómez Huecas, presidente de las patronales Fadei y Amadei. Se trata de un comprador internacional con alto poder adquisitivo, “muy informado, que exige discreción, seguridad jurídica y un asesoramiento mucho más cualificado”. Este giro del mercado también se percibe en el tipo de producto que logra cerrar operaciones: el segmento más exclusivo. Eso sí, que nadie espere valores muy fuera de mercado, por mucha Moraleja que sea: “Las viviendas que requieren una reforma integral deben ajustar sus expectativas de precio, ya que los compradores descuentan de forma significativa el coste y el tiempo de ejecución de esas obras”, advierte Martha Lucía Pereira Torres, CEO & Luxury Broker de Presvip Real Estate. Pereira se anima incluso a mostrar algunas de las propiedades off-market que tiene ahora en La Moraleja. Destaca, por ejemplo, una mansión de 2.900 metros cuadrados construidos en una parcela de más de 10.000 que se vende por 20 millones. ¿Espera que la compre algún latino muy rico? “Es muy posible”, concede.
Los ricos latinos hacen las maletas: adiós barrio Salamanca, hola La Moraleja
La seguridad y los grandes espacios han convertido esta zona exclusiva en objeto de deseo de las más opulentas familias de Latinoamérica






