Javier Aguirre tiene 67 años, medio siglo "en el bendito futbol" y lo admitió sin filtros: todavía siente nervios antes de cada partido. "El día que no tenga eso, mejor me voy a mi casa", soltó.
El tema de los debutantes fue el primero en aparecer. Diez jugadores debutaron en el Mundial y el técnico contó que lo primero que hizo fue felicitarlos, concederles el beneficio de la duda por el nerviosismo propio del estreno. Reconoció, sin embargo, que hubo momentos del primer tiempo que no le gustaron —exceso de apertura en la circulación de balón, falta de trabajo en bloque— y lo relacionó con jugadas que son inherentes al futbol: un córner que termina en gol por un descuido individual, un rival que aparece de la nada para empatar.
"Era normal que estuvieran un pelín apretados", explicó, aunque no escondió su exigencia: hubo cosas que no le gustaron, sobre todo el trabajo sin pelota, tanto en bloque bajo como en bloque alto. Puso de ejemplo a Panamá y a Inglaterra para hablar de algo que considera inherente al juego y que la selección intentará minimizar.
Esa misma cuota de autenticidad atravesó toda la conferencia, que el técnico usó para repasar el debut goleador de su selección, la avalancha de cariño que recibió la delegación y la manera en que prepara a su equipo para enfrentar a Corea del Sur, un partido que, de ganarse, significaría algo nunca visto: tres triunfos consecutivos en la historia mundialista de México, sumando el cierre de la Copa anterior y el arranque de esta.








