El camino hacia Château Pichon Baron, a lo largo de la sinuosa ruta que sigue el río desde Burdeos, es una impresionante sucesión de viñedos. Tras una breve espera en el magnífico vestíbulo, aparece Thomas Buberl, impecable en un elegante traje a cuadros.Esperaba encontrar a un CEO más pesimista. Habrá tiempo para advertencias sobre el “desastre geopolítico”, los riesgos derivados de la guerra en Irán, la necesidad de que Europa se reinvente y las tensiones que enfrenta la industria aseguradora ante el aumento de reclamaciones rechazadas. Pero Buberl también es mi anfitrión, y antes de sentarnos a comer insiste en mostrarme uno de los nueve viñedos que posee Axa.La finca de 92 hectáreas se está modernizando. En las bodegas renovadas, barricas de roble conviven con depósitos de acero inoxidable. Afuera, viñas de cuatro décadas crecen junto a nuevos portainjertos adaptados a temperaturas más altas y menos lluvias, a la espera de recibir injertos de cabernet sauvignon.Más tarde, durante el almuerzo, Buberl utiliza esa imagen de renovación para explicar la transformación que impulsó en Axa al asumir la dirección hace una década. El negocio tradicional de seguros de vida había dejado de ser rentable en un entorno de tasas ultrabajas, por lo que apostó por los seguros corporativos y reforzó esa estrategia con la polémica adquisición de la aseguradora XL, con sede en Bermudas.Fue una transformación radical, admite, que explica parte de la brecha de valoración entre Axa y competidores como Allianz o Zurich. También influyen factores macroeconómicos. “Los inversionistas buscan refugios seguros, y hoy Alemania o Suiza probablemente se perciben como opciones más seguras que Francia”, señala.Pocos líderes empresariales europeos están tan pendientes de la política como Buberl. Su preocupación por los desafíos fiscales, las tensiones con China, la agresión rusa y la nueva postura de Estados Unidos (EU) lo llevó a escribir un libro sobre la autoestima europea. En Il suffit de s’aimer (“Basta con amarnos los unos a los otros”), basado en más de 100 entrevistas, desde Volodymyr Zelensky hasta Larry Fink, defiende que Europa debe aprovechar mejor su cohesión social.Mientras degustamos un vino blanco seco recientemente incorporado a la producción del château, Buberl resume su visión: “El mundo está en un lío, pero al menos está en movimiento”.A su juicio, Europa debe convertir la crisis en una oportunidad para tomar decisiones. Propone una Unión Europea más pragmática y flexible, capaz de atraer inversiones tanto de EU como de China en sectores como inteligencia artificial (IA) y almacenamiento de energía. “Europa podría ser la China de los años ochenta”, afirma. “Decir: vengan a invertir aquí; mantendremos el control mayoritario, pero pueden invertir”.Su propia historia alimenta esa visión. Nació en Alemania y se instaló en Francia en 2016. “La historia de Europa es fascinante. Son países que pasaron siglos enfrentándose y que un día decidieron construir una comunidad”.Sin embargo, cree que el continente ha perdido la capacidad de ofrecer un proyecto inspirador a las nuevas generaciones. “Para nuestros padres era evitar otra guerra. Para nosotros fue la libre circulación. Mis hijos ven Europa como ese árbol de ahí: simplemente está ahí. No hay un proyecto”.Ese proyecto, sostiene, debería basarse en aquello que distingue a Europa: diversidad, cohesión social y un fuerte contrato social. Pero advierte que ese modelo necesita reformarse porque se ha vuelto cada vez más costoso. “El contrato social representa entre 60 y 65 por ciento del gasto público y aumenta entre tres y cuatro puntos porcentuales cada año”.Sus críticos podrían señalar que una menor dependencia del Estado abriría oportunidades de negocio para aseguradoras como Axa en áreas como salud o desempleo. Buberl no lo niega, pero insiste en que la necesidad de reformar el modelo europeo va más allá de cualquier interés empresarial.En Francia, mantiene diálogo con políticos de todo el espectro ideológico, incluida Marine Le Pen. Evita criticarla directamente, consciente de que ella o Jordan Bardella podrían llegar al poder. En cambio, insiste en que cualquier líder debe ofrecer una agenda clara y la capacidad de ejecutarla.Al preguntarle por el auge del populismo y sus efectos sobre la cohesión social, su respuesta se vuelve más seria. El seguro, recuerda, se basa en compartir riesgos entre individuos. Si la sociedad se fragmenta, ese principio fundamental se debilita. Y para Axa, concluye, ese es el mayor riesgo de todos.El alemán que conquistó AxaDesvío la conversación hacia uno de los ejemplos favoritos de los expertos en finanzas sobre el fracaso de la integración europea: la incapacidad de la Unión Europea para materializar la llamada unión de los mercados de capitales (UMC), hoy rebautizada como unión de ahorro e inversión. Concebida hace más de una década, buscaba crear un espacio con normas de inversión comunes que canalizara una mayor parte del ahorro de los ciudadanos hacia activos productivos —como deuda y capital corporativos o infraestructura— en lugar de mantenerlo en cuentas bancarias. ¿Por qué no ha avanzado?Buberl interviene para llevar la discusión a un terreno más amplio: la necesidad de una misión europea. “Si queremos que Europa avance, debemos responsabilizar más a los ciudadanos y a las empresas. ¿Por qué los estadunidenses están tan orgullosos de su país? Porque son dueños de su propio éxito. Si observamos el plan de pensiones 401(k) de un estadunidense promedio, el éxito de EU es responsabilidad de todos”.