Javier RicouLleida 17/06/2026 18:51 Actualizado a 17/06/2026 19:58 Carpetazo judicial a la denuncia de Fiscalía contra la residencia con más alta mortalidad de toda España durante la covid. Ese geriátrico está en Tremp (Pallars Jussà) y ahí fallecieron en solo tres meses casi la mitad de sus usuarios.El fiscal relataba en su denuncia penal que esos residentes pasaron frío y sed, no se separó a ancianos sanos de contagiados por el virus, se abandonaron a usuarios muertos en sus habitaciones y no hubo ningún control para evitar que el virus se propagara por las instalaciones. Todo esto ha quedado en nada, después de que la Audiencia de Lleida acabe de decretar el archivo definitivo de las diligencias penales incoadas tras esa denuncia al no apreciar delito en la conducta de los responsables del centro.La denuncia de la Fiscalía fue demoledora: ancianas y ancianos pasando hambre y sed y cadáveres olvidados en las habitacionesLa Audiencia de Lleida admite, según informa el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya, que hubo “numerosas dificultades” a la hora de implementar “con la celeridad que exigía la gravedad de la situación” medidas para evitar contagios. Pero falla que “esas dificultades no son atribuibles a ninguna acción u omisión dolosa o imprudente imputables a la directora de la residencia, a la responsable higiénico sanitario del asilo y a tres miembros del Patronato que gestiona ese centro”, señalados en la denuncia de la Fiscalía.Abogados de la acusación particular entrando en el juzgado de Tremp.Laura Cortés / ACNEse tribunal confirma así el archivo decretado ya por el Juzgado de Tremp, recurrido por los familiares de esas ancianas y ancianos fallecidos. Esas 64 muertes -42 de los trabajadores acabaron también infectados- se contabilizaron entre noviembre de 2020 y enero de 2021. En la Residencia Fiella murieron casi la mitad de los usuarios del centro.Esa alta mortalidad (43%) no tuvo precedentes en esta pandemia en ningún otro geriátrico de España. Además esas infecciones se propagaron casi un año después de que saltara la alerta por esta crisis sanitaria y cuando esos centros disponían ya de protocolos para evitar nuevas olas de contagio.Un alto porcentaje de trabajadores también se contagiaron, lo que dejó al geriátrico sin personal para luchar contra el virusLa práctica mayoría de trabajadores se contagiaron (eso provocó muchas bajas) y el virus se extendió sin control entre las ancianas y ancianos. La Fiscalía reprochaba en su denuncia -presentada tras más de un año de investigación- que la residencia Fiella no aplicara, con esos empleados, los protocolos ya conocidos en aquella fecha y ni tan siquiera se les instruyera en el uso de los equipos de protección o en medidas preventivas encaminadas a proteger a unos usuarios tan vulnerables.Familiares de los fallecidos bautizaron al centro como “la residencia de los horrores”En estos últimos años han pasado por el juzgado familiares de esas ancianas y ancianos fallecidos. Bautizaron a ese centro como “la residencia de los horrores”. Algunos encontraron a sus padres muertos en las habitaciones tras conseguir entrar en el geriátrico. No había manos para retirar los cadáveres.Evaristo Saura, familiar de una de las víctimas en la residencia de Tremp.ACN / Marta LluvicLa Fiscalía estimaba en su denuncia, ahora archivada al no ver los jueces indicios de ningún delito, que esos residentes “fueron expuestos a un trato inadecuado al no evitarse su contagio, obligándoles a permanecer con residentes enfermos”.El grado de descontrol llego a tal nivel, afirmó en su día la Fiscalía, que en el cuadro de atenciones médicas constaban tomas de fiebre o administración de medicinas a ancianas y ancianos que ya había muerto”. Una prueba, para esta parte, de que no hubo ningún control sanitario durante ese brote.Además a muchos familiares, denunciaron esas personas, les dijeron que sus seres queridos estaban vivos, cuando ya habían muerto. Otros se enteraron de esos óbitos por personal ajeno a la residencia y algunos conocieron el fatal desenlace al colarse en la residencia y buscar entre las habitaciones a sus parientes.Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 2000. Fue corresponsal en LLeida y Pirineos. Actualmente adscrito a la sección Sociedad. Autor del libro 'Acoso escolar' (RD Editores)