Fernando Signorini, histórico preparador físico de Maradona y autor de la mejor definición del Pelusa (“con Diego al fin del mundo, con Maradona ni a la vuelta de la esquina”), asegura que el imperialismo yanqui no pudo soportar en 1994 que un héroe del pueblo como el 10 argentino desplegara toda la magia del fútbol sobre su suelo. Por eso la enfermera lo fue a buscar al centro del campo y todos aprendimos qué era la efedrina. “No tengo pruebas, tampoco dudas”, sentencia Signorini. El último capítulo de Maradona en los mundiales fue una de las múltiples historias que dejó aquel enésimo intento de la FIFA por desembarcar en EE UU.La FIFA erró el tiro, el fútbol no penetró de manera significativa en la industria del ocio estadounidense, pero aquel campeonato es el origen del fútbol moderno, tan denostado por el aficionado romántico, y tan bien recordado por los futboleros cuarentones que consideran que aquel Mundial fue el mejor de siempre. Los nombres sobre los dorsales por primera vez, los coloridos diseños de las camisetas, Madonna proclamando su deseo sexual sobre Roberto Baggio, España jugando como nunca y perdiendo como siempre, la irrupción de Nike en el fútbol calzando a Romario y Bebeto y Javier Marías de los nervios por la moda de los futbolistas de dejarse perilla.Desde la mirada deportiva fue un campeonato pobre en juego y rico en futbolistas, como paradójicamente gusta a los norteamericanos. Partidos a horas imposibles, con un calor que secaba el césped y una final con un horrible 0-0 decidida en penaltis. Los yanquis no entendían nada o lo entendieron todo. El presidente Bill Clinton vio de primera mano el potencial de esta pasión y años después lideró una nueva candidatura para que su país albergara el Mundial 2022. Cuando la FIFA designó por sorpresa a Qatar, reventó un cenicero contra un espejo antes de llamar a la Fiscalía de Nueva York y desatar el FIFA Gate.Desatada la crisis en las federaciones, esta vez sí, el fútbol volvió al imperio. Y EE UU ahora es un país diferente al de 1994. Ahora sí existe una pasión por la pelota, sobre todo en el público infantil, y para desgracia de Donald Trump, es un activo latino. España acude por primera vez a un Mundial con su gran estrella de origen inmigrante. Es la celebración de la integración comunitaria en la boca del lobo. Esperemos que Lamine Yamal no se acerque a la efedrina.
La generación fascinada por EE UU 94
El imperialismo yanqui no pudo soportar en 1994 que un héroe del pueblo como el 10 argentino desplegara toda la magia del fútbol sobre su suelo















