Fue mi primer partido de fútbol. Nunca había ido a un estadio y ni siquiera me interesaba ese deporte, pero por un golpe de suerte terminé viendo a Diego Armando Maradona marcar a Inglaterra dos de los goles más famosos de la historia del fútbol.
Sucedió hace 40 años. El Mundial se estaba jugando en México y todos estábamos emocionados porque la selección, liderada por Hugo Sánchez, había llegado hasta cuartos de final, donde cayó con honores por penaltis frente a la poderosa Alemania Federal.
Aun así, jamás imaginé que vería un partido de la Copa, mucho menos en el histórico Estadio Azteca.
En la mañana del 22 de junio de 1986, mi papá nos llamó para decir que un amigo le había regalado dos boletos que no iba a usar. Todo fue de último momento, pero mi mamá decidió llevarme para que “viviera la experiencia”.
Yo tenía 17 años y estaba emocionada, pero no por el fútbol, sino porque era la oportunidad de ver muchos chicos guapos de todas partes del mundo. Me arreglé como si fuera a una fiesta: maquillaje y todo el show. Mi mamá decía que exageraba, pero igual me dejó ir así.
















