Aquella tarde vive en la memoria de todo el mundo del balón. Es 22 de junio de 1986 y un cielo luminoso presagia una gesta épica en el Estadio Azteca. Argentina e Inglaterra se enfrentan en cuartos de final. El ambiente en el campo está mezclado con la narrativa del conflicto: cuatro años antes, en la primavera de 1982, el ejército inglés invadió las Islas Malvinas, un archipiélago situado a unos 400 kilómetros de la Patagonia argentina. El enfrentamiento de 74 días provocó la muerte de 649 militares argentinos y de 255 británicos.
La herida no cierra y, como sucede frecuentemente, cuatro años más tarde el deporte se convierte en el escenario metafórico de la disputa.
Te puede interesar: Maradona 1986, aquellos mágicos días del Diego en el Estadio AztecaAsí lo considera Diego Armando Maradona en “Yo soy el Diego”, un libro que cumple con las reglas básicas de una exitosa autobiografía: revela mucho y concede poco. Así comienza Maradona la narrativa de uno de los días más importantes del futbol:
“Sí, era como una final, porque nosotros, con todo lo que representaba, jugábamos una final contra Inglaterra. Porque era como ganarle más que nada a un país, no a un equipo de futbol. Si bien nosotros decíamos antes del partido que el futbol no tenía nada que ver con la Guerra de las Malvinas, sabíamos que habían muerto muchos pibes argentinos allá, que los habían matado como a pajaritos… Y esto era una revancha… era como recuperar algo de las Malvinas”.











