Hay imágenes que deberían avergonzarnos como sociedad. Alumnos estudiando con abrigo en pleno invierno porque la calefacción no funciona como debe. Alumnos buscando una sombra en junio para poder terminar la jornada escolar. Equipos directivos reorganizando espacios, moviendo grupos de un aula a otra o improvisando soluciones de emergencia para soportar temperaturas que hacen cada vez más difícil enseñar y aprender.Y familias preguntándose, una vez más, cómo es posible que volvamos a estar exactamente en el mismo punto. Porque eso es lo verdaderamente sorprendente.No que llegue el calor o el frío. Lo sorprendente es que vuelvan exactamente los mismos problemas, año tras año, y que quienes tienen la responsabilidad de resolverlos sigan actuando como si fueran una sorpresa.El Gobierno de Madrid llega siempre tarde al verano y al invierno. Cuando llega el invierno aparecen los problemas de calefacción, los edificios mal aislados y las instalaciones envejecidas. Cuando llega el verano reaparecen las aulas sobrecalentadas, con temperaturas superiores a 30 grados, los patios sin sombra suficiente y las dificultades para mantener unas condiciones adecuadas de aprendizaje.Un problema que se repite todos los años deja de ser una emergencia. Se convierte en una responsabilidad. Y ese es precisamente el problema de fondo. A estas alturas, probablemente lo más llamativo de este debate no sea el calor ni el frío. Es que seguimos fingiendo sorpresa.Todos sabemos ya lo que ocurre. Cada invierno aparecen los mismos problemas de calefacción. Cada verano vuelven las mismas dificultades para soportar las altas temperaturas. Cada año los centros intentan encontrar soluciones provisionales. Y cada año vuelve exactamente la misma discusión.No estamos ante una emergencia inesperada. Estamos ante un problema estructural que llevamos demasiado tiempo tratando como si fuera una excepción. Y, sin embargo, la respuesta sigue siendo la misma.Primero se niega el problema. Después se minimiza. Más tarde se cuestiona su alcance. Y, finalmente, se busca otro responsable. Si faltan recursos, la culpa es del Gobierno de España. Si los centros tienen problemas, la responsabilidad es de los ayuntamientos. Si las condiciones son inadecuadas, se pide a los equipos directivos que encuentren soluciones. Si las familias protestan, se responde con instrucciones provisionales para resistir unos días más.Siempre aparece alguien que tiene que hacer un esfuerzo adicional. Todos menos quien tiene la responsabilidad de planificar. Porque el problema no es solo que el Gobierno de Madrid llegue tarde al verano y al invierno. Lo más preocupante es lo que hace cuando llega: en lugar de asumir la responsabilidad, la reparte; en lugar de liderar, deriva; en lugar de planificar, improvisa.Y el resultado es siempre el mismo. Un auténtico sálvese quien pueda. Si un ayuntamiento puede actuar, mejor. Si un centro encuentra soluciones por su cuenta, mejor. Si una dirección consigue reorganizar espacios, mejor. Si las familias tienen capacidad para movilizarse, mejor. Y si no, paciencia.Han convertido un problema colectivo en una suma de soluciones individuales. Han convertido una responsabilidad pública en un sálvese quien pueda.Y eso es especialmente grave en educación. Porque la educación pública nació precisamente para evitar que el futuro de un niño dependiera de la suerte. Para garantizar que el lugar donde uno nace, el barrio en el que vive o los recursos de su familia no determinen sus oportunidades.Pero cuando hablamos de climatización escolar, cada vez nos acercamos más a un modelo en el que todo depende de la capacidad de cada centro, de cada ayuntamiento o de cada comunidad educativa para arreglárselas como pueda. Esa es probablemente la parte más preocupante. Porque lo que está en juego no son solo unos grados más o unos grados menos.Lo que está en juego es el mensaje que transmitimos a nuestros hijos. Cada día les pedimos esfuerzo. Les pedimos responsabilidad. Les pedimos planificación. Les pedimos que piensen en el futuro. Les enseñamos que los problemas deben afrontarse antes de que sea demasiado tarde. Pero cuando aparece un problema perfectamente previsible, las instituciones responden con improvisación, excusas o búsqueda de culpables.No se puede enseñar la cultura del esfuerzo mientras se practica la cultura de la excusa y el cinismo. No se puede pedir responsabilidad a los demás mientras se elude la propia. Y no se puede hablar constantemente de excelencia educativa mientras se acepta que miles de alumnos estudien en condiciones impropias del siglo XXI.Lo más paradójico es que las soluciones existen. Sabemos que no todos los centros tienen las mismas necesidades. Sabemos que algunos requieren actuaciones urgentes y otros intervenciones más profundas. Sabemos que es necesario actuar sobre cubiertas, aislamiento, ventilación, patios, sombras, eficiencia energética y sistemas térmicos. Sabemos que los centros más vulnerables deben ser prioritarios. Y sabemos también que cualquier solución seria exige algo muy sencillo: diagnóstico, planificación, financiación y evaluación. No estamos ante un problema sin solución. Estamos ante un problema sin planificación.Por eso hemos presentado una propuesta de Plan de Climatización, Eficiencia Energética y Adaptación Climática para los centros educativos públicos de la Comunidad de Madrid. No como un documento cerrado ni como una verdad absoluta. Y mucho menos como una propuesta partidista.La hemos presentado como una base abierta al diálogo con familias, docentes, ayuntamientos, organizaciones sociales, profesionales y grupos políticos. Porque los problemas complejos no se resuelven desde un despacho. Se resuelven escuchando, dialogando y construyendo acuerdos.La política debería servir precisamente para eso. Para transformar preocupaciones sociales en soluciones públicas. Para convertir demandas ciudadanas en políticas concretas. Para resolver problemas antes de que se conviertan en emergencias.La cuestión ya no es si existe el problema. Existe. Tampoco es si existen soluciones. Existen. La cuestión es si vamos a seguir instalados en la cultura de la excusa y en el sálvese quien pueda, o si vamos a empezar a hacer algo mucho más sencillo y mucho más exigente: asumir responsabilidades y planificar el futuro.Porque el Gobierno de Madrid llega siempre tarde al verano y al invierno.Y nuestros alumnos no deberían seguir pagando el precio de esa tardanza.