Martin Wolf
Londres / 17.06.2026 01:29:39
En mis dos columnas anteriores, argumenté que la inteligencia artificial (IA) trae consigo tanto oportunidades como grandes peligros, algunos incluso existenciales. Esta tecnología transformadora también amenaza la rendición de cuentas personal e institucional, el estado de derecho, la democracia e incluso la esencia misma de ser humano. Además, será difícil regularla con éxito, no sólo porque su impacto será generalizado, sino porque su progreso se impulsa por una feroz competencia entre empresas y entre Estados Unidos y China.Una publicación reciente de Anthropic declara que “estamos delegando una proporción cada vez mayor del desarrollo de la IA a los propios sistemas de IA… si se lleva lo lejos, y con la capacidad de procesamiento suficiente, esta tendencia apunta a modelos capaces de… diseñar y desarrollar de forma autónoma a su propio sucesor”. Añade que “si fuera posible desacelerar el desarrollo de esta tecnología, para darnos más tiempo para abordar sus implicaciones, creemos que probablemente sería algo positivo”. Si incluso Anthropic teme lo que se avecina, los temores del resto de nosotros, sobre todo de los jóvenes, lo único que harán será aumentar.Gran parte de esta preocupación, de gran relevancia política, se centra en el aumento del desempleo derivado del supuesto incremento de la productividad. Sin embargo, se desconoce la velocidad y la magnitud de la transformación que producirá la IA.Por ejemplo, mi colega John Burn-Murdoch señaló que el aumento en la oferta de aplicaciones generadas por IA no llega a conducir un alza proporcional en su uso. También genera un mayor salto en la producción en las primeras etapas del desarrollo de software que en los productos finales.En un informe sobre el impacto de la IA en el empleo, que publicó el año pasado la Organización Internacional del Trabajo, se llegó a la conclusión de que, a escala mundial, uno de cada cuatro trabajadores se desempeña en una ocupación con cierta exposición a la IA generativa. Pero sólo “3.3 por ciento del empleo global está en la categoría de mayor exposición”.Esto no parece una disrupción importante. Además, en el pasado se han producido largos desfases entre las grandes innovaciones (la electricidad, por ejemplo) y el aumento de la productividad. Como escribe Paul Krugman, el crecimiento de la productividad ha sido menor durante la era digital que después de la Segunda Guerra Mundial, un periodo sin avances de ese tipo.En el extremo opuesto, Vinod Khosla, experimentado inversionista en el sector de tecnología, afirma en Financial Times: “Estoy seguro de que la IA realizará 80 por ciento del trabajo económicamente valioso que en la actualidad hacen los humanos, en 80 por ciento de todos los empleos, más rápido de lo que la mayoría cree. La cuestión no es si el subempleo masivo llegará en la próxima década, sino si contaremos con un marco político coherente listo para cuando llegue”.El escepticismo sobre la velocidad y la magnitud del impacto está justificado. Pero Khosla tiene razón: tenemos que prepararnos. La civilización puede no sobrevivir a las conmociones existenciales y las disrupciones económicas con las que amenaza la IA. La incertidumbre justifica la preparación, no la complacencia.¿Qué significa estar preparados? Primero, estar listos para un mundo en el que las máquinas tomarán decisiones importantes y, en algunos casos... de enorme trascendencia. En última instancia —sobre todo en la guerra y la investigación biológica. Los humanos deben rendir cuentas por esas decisiones, como programadores de IA, directivos de las empresas que la venden y responsables de la toma de decisiones en las instituciones que la utilizan. Contrariamente a la opinión del presidente argentino Javier Milei, la IA no debe dirigir instituciones sin que haya personas que rindan cuentas. Los propietarios, directivos y funcionarios deben ser responsables penal y civilmente por los daños causados por la IA.Segundo, no podemos confiar en el sentido moral ni en la autodisciplina de los creadores de IA. Ya hemos tenido experiencias terribles con las redes sociales. Como ya señalé: “Difundir mentiras y fraudes puede ser un buen negocio... Peor aún, difundir publicaciones que hacen la vida insoportable a las personas también puede serlo… la IA parece que empeorará nuestra situación colectiva al crear fraudes ‘perfectos’ de todo tipo”.Anthropic tal vez debería reducir el ritmo. Pero se trata de una carrera contrarreloj: no puede controlar lo que hacen sus competidores. No permitimos que las compañías farmacéuticas lancen medicamentos que no hayan pasado por un régimen de pruebas adecuado, y con razón. Algo similar debería aplicarse al nuevo software de IA. Además, en un mercado competitivo, dichos regímenes también deben aplicarse a nivel global.Tercero, esa es la razón por la que los regímenes no pueden ser solamente nacionales, debe existir un acuerdo global sobre cómo se debe probar y controlar la IA y cómo se debe imponer la responsabilidad por los daños. La Unión Europea, al parecer, vuelve a desempeñar el papel de regulador de primer (o último) recurso. Esto posiblemente no sea del todo malo. En todo el mundo, incluso se confía en que la Unión Europea sea un mejor regulador que EU o China, probablemente porque se cree que estarán menos influenciados por intereses comerciales o por el deseo de utilizar la IA como arma. Pero idealmente, China y EU deberían ser los pilares. La IA es de demasiado riesgo como para que todos la desarrollen sin tener un control.Por último, existe una alta probabilidad de que la IA, con el tiempo, devaste el mercado laboral, aumente la desigualdad y genere una extraordinaria concentración de poder económico —y político— en manos de un pequeño número de empresas y personas. Si a esto le sumamos las muchas otras amenazas que plantea, nos enfrentamos a un enorme riesgo de derrocamiento autocrático de la democracia. De hecho, ya está ocurriendo. Los que desean que sobreviva un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo deben tratar de impedirlo. La consecuencia más evidente es que una buena parte del aumento de los ingresos y la riqueza debe compartirse. Es el momento de prepararse para esto. Si no actuamos, será demasiado tarde.














