No existe ya ninguna conversación sobre el futuro de cualquier ámbito profesional, social o emocional que no incluya las dos palabras mágicas: Inteligencia Artificial (IA). Y Francia, una de las potencias europeas que más está invirtiendo en esta nueva tecnología, debate en profundidad estos días algunos de sus efectos. A las puertas de una importante reunión del G7 (el foro de siete de las principales economías del mundo) en la localidad francesa de Evián, la ciudad norteña de Lille acoge este viernes la cumbre La IA con Nosotros. En ella colabora el Grupo Prisa (editor de EL PAÍS) a través de su plataforma de pensamiento global, World in Progress (WIP), y con la presencia de su presidente, Joseph Oughourlian. “La IA plantea un gran desafío ético y económico a los medios”, ha señalado Oughourlian al comienzo de su exposición.El mundo de los medios, especialmente expuesto a las transformaciones tecnológicas, ha atravesado dos grandes tormentas en los últimos 15 años: la irrupción de las redes sociales y la pandemia. Dos fenómenos que cabalgó con dificultades pero con un aprendizaje necesario para afrontar el desafío que implica ahora la IA.“Se vive con un cierta ansiedad. La última vez que vivimos un cambio tecnológico lo pasamos mal. Y, en parte, fue culpa nuestra: entregamos de forma gratuita el producto de nuestro trabajo e investigación. Había un modelo de negocio basado en la publicidad, es cierto. Pero el mundo de la información se dejó manejar por las grandes plataformas, que captaron a nuestros clientes. Esa es la historia de los 10 o 15 últimos años”, resumió Oughourlian, tras la intervención de otros ponentes como la ministra francesa delegada para la Inteligencia Artificial, Anne Le Hénanff. Aquel período, que muchos medios cabalgaron a lomos del poder de difusión de los algoritmos de las redes sociales, fue también la puerta de entrada de los monstruos que poblarían el panorama político de los siguientes años: desinformación, bulos, polarización. “No fue una buena historia para la democracia. Observamos lo que hacían las plataformas, sin límite ético en su manera de producir sus contenidos y hacerlos públicos. Y nos dimos cuenta de que sus objetivos y los nuestros no eran los mismos. Nosotros buscamos informar, ofrecer información verificada. Ellos, atraer gente a las plataformas. Y comprobamos cómo los contenidos más extremos y polarizantes eran los que mejor funcionaban en ese propósito”. El nuevo paisaje que se abre ahora en los medios de comunicación, pasada aquella primera tempestad de la segunda década del siglo XXI, exige aprender de los viejos errores. Una revolución tecnológica y económica, apuntó el presidente del Grupo Prisa. “Pero también ética. Hoy más de la mitad de contenidos de internet han sido producidos por robots. Puede llegar un momento en el que, en la creación de contenido, nos aporte solo lo que queremos escuchar. ¿Será una fuente fiable de información para los ciudadanos? El miedo en los medios de comunicación es que empiecen a circular masivamente contenidos producidos por robots y se cree una alucinación. Y eso hará que, quizá, muchos de nuestros lectores u oyentes se centren en grandes marcas de la información, fiables”, apuntó.Oughourlian mostró su confianza por el trabajo hecho hasta ahora en los medios del Grupo Prisa y en EL PAÍS, capaz de crear una red de 450.000 suscriptores que sustentan un modelo de negocio basado en la calidad de los contenidos. “Además, hemos decidido que en todos los procesos de generación de contenidos habrá la intervención de un humano en algún momento de la cadena de producción de esos contenidos”, señaló. El encuentro continuó con distintas ponencias sobre el impacto de la IA en ámbitos como la sanidad -como la del CEO y fundador de a aseguradora Alan, Charles Gorintin- o la energía.
Joseph Oughourlian: “La IA plantea un gran desafío ético y económico a los medios”
El presidente del Grupo Prisa analiza, en una cumbre sobre la inteligencia artificial en Lille, los riesgos y oportunidades que ofrece la última revolución tecnológica







