Decía Franklin D. Roosevelt que no hay casualidades en política, pero parece ser que ayer se encadenaron unas cuantas en el Congreso. A las 11.07 h, el PP registró una enmienda a su moción consecuencia de interpelación al vicepresidente Carlos Cuerpo para instar al Gobierno a convocar elecciones. Apenas 35 minutos después, Junts realizó el mismo movimiento en la misma iniciativa parlamentaria sin que hubiese existido un contacto previo. Y casualmente la Mesa del Congreso maniobró de inmediato para vetar ambas propuestas cuando hace poco más de un año tramitó una petición similar en el fondo y en las formas. El paso adelante del partido de Carles Puigdemont no pasó desapercibido y retrató su intención de llevar al Gobierno de Sánchez al límite... pero sin cruzar la línea de negociar formalmente una moción de censura. PP y Junts habían entrado en las últimas semanas en un intercambio de órdagos retransmitido a través de los medios de comunicación. Los independentistas no quieren que sus votos sirvan para convertir a Alberto Núñez Feijóo en presidente del Gobierno en funciones hasta la convocatoria de elecciones porque también es necesario el apoyo de Vox. Pero pese a la aparente tensión, las dos formaciones exhibieron una suerte de acercamiento este martes con un mismo objetivo: apretar para forzar la disolución de las Cortes en el peor momento político de Pedro Sánchez. Aunque existe un canal abierto a nivel parlamentario, en el PP aseguran que no se negoció ni se coordinó con Junts la presentación simultánea de las dos enmiendas, que no tenían carácter vinculante pero sí una fuerte carga simbólica. Porque la moción hubiese obligado al Ejecutivo a manejar la presión de hasta 184 votos favorables a poner fin ya a la legislatura, con la incógnita de la posición que hubiera adoptado el PNV. En Génova aplaudieron desde el primer momento la iniciativa de Junts, destacaron la "coherencia" del movimiento y celebraron la "importante" oportunidad de trasladar de forma testimonial al presidente del Gobierno que ya no cuenta con "la confianza" de la Cámara, una fórmula de presión alternativa a la moción de censura a la que unos y otros se resisten. TE PUEDE INTERESAR El hecho de que los de Puigdemont registrasen esa propuesta dentro de una iniciativa del PP no es baladí y resucita la 'pinza' parlamentaria contra el Gobierno que ya armaron en otras votaciones de calado. Pero esta vez no se unieron para tumbar leyes, sino para reclamar a Sánchez que abandone la Moncloa. Fuentes populares creen que la maniobra de Junts no fue casual y lo interpretan como un intento de "dar una patada al tablero", tensar al Gobierno y tomar distancia de cara a su electorado. En el Grupo Popular había además intención de abrir contactos con los independentistas catalanes para llegar a un acuerdo con sus enmiendas, bien para transaccionar ambas propuestas o bien para que la que se votase en el pleno del próximo jueves fuese la de Junts. Al PP no le importaba transigir en este punto, consciente de la importante victoria política que tenía por delante el mismo día en que José Luis Rodríguez Zapatero, imputado por múltiples delitos, se enfrentaba a su segundo día de declaración ante la Audiencia Nacional y en mitad del mazazo que ha implicado para el PSOE el sumario del caso de Leire Díez. TE PUEDE INTERESAR Pero los esfuerzos conjuntos de PP y Junts para apretar al Gobierno quedaron en nada pocas horas después. La mayoría de PSOE y Sumar que controla la Mesa del Congreso vetó rápidamente las dos enmiendas e impidió que viesen la luz en el pleno. No hubo siquiera una reunión formal, sino una especie de "ronda" por WhatsApp en la que los miembros del órgano de gobierno de la Cámara Baja recibieron una advertencia de los letrados de que sendas iniciativas podían invadir competencias del Ejecutivo. El cabreo en las filas de populares y posconvergentes fue mayúsculo. Y también fueron a una en las críticas a una decisión "insólita" y "arbitraria", sobre todo por el hecho de que hace poco más de un año la Mesa del Congreso sí tramitó una proposición no de ley de Junts en la que instaba al Gobierno a someterse a una cuestión de confianza "atendiendo al carácter político, sin vinculación jurídica, de la presente iniciativa", la misma fórmula empleada en esta ocasión. Fuentes del PP avanzan que agotarán la vía parlamentaria para que el Congreso vote la exigencia de elecciones, e incluso se abren a recurrir en última instancia ante el Tribunal Constitucional. Sánchez no se iba a dar por aludido En la Moncloa se esforzaron ayer por restar relevancia a la enmienda de Junts en la moción del PP, pero esa ligereza contrastó con los movimientos de la Mesa del Congreso destinados a frenar la votación. El Gobierno dio a entender que no le preocupaba que la Cámara urgiera a Pedro Sánchez a convocar elecciones porque se trata de una prerrogativa exclusiva del presidente, que no puede condicionar el Poder Legislativo. Las relaciones con los Puigdemont están rotas desde el otoño pasado. Eso impide contar con su voto y mantener abiertos cauces de diálogo como sucedió los dos primeros años. Según fuentes del Ejecutivo, empujar para que se celebren elecciones, una petición que ya han verbalizado públicamente, "no cambia nada". No se trata, subrayan, de "una advertencia". Es "un posicionamiento". En cualquier caso, aunque la votación se hubiera producido, Sánchez la habría ignorado porque la postura oficial es que culminará la legislatura y que los comicios serán en julio de 2027. Aunque la mayoría que le permitió la investidura ya no existe, el PNV le exige también que disuelva las Cortes este año y Coalición Canaria plantea que se someta a una cuestión de confianza, en el Ejecutivo se muestran "convencidos" de que pueden seguir sacando adelante algunas iniciativas. "Una cosa son las declaraciones políticas y otra las votaciones", destacan. Entre sus argumentos para seguir aluden, en un claro mensaje a Junts, a que no se ha culminado la ley de amnistía, es decir, el regreso de Puigdemont, algo más factible con un Gobierno de Sánchez que de Feijóo. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictará la sentencia definitiva sobre la amnistía el próximo 16 de julio y después el Tribunal Constitucional se pronunciará sobre si el Supremo erró o no con la decisión de no aplicar el perdón a la malversación e impedir la vuelta del dirigente de Junts. Decía Franklin D. Roosevelt que no hay casualidades en política, pero parece ser que ayer se encadenaron unas cuantas en el Congreso. A las 11.07 h, el PP registró una enmienda a su moción consecuencia de interpelación al vicepresidente Carlos Cuerpo para instar al Gobierno a convocar elecciones. Apenas 35 minutos después, Junts realizó el mismo movimiento en la misma iniciativa parlamentaria sin que hubiese existido un contacto previo. Y casualmente la Mesa del Congreso maniobró de inmediato para vetar ambas propuestas cuando hace poco más de un año tramitó una petición similar en el fondo y en las formas.