Las expectativas de tipos más bajos se evaporan y devuelven a los inversores a la realidad. La primera reunión de la Reserva Federal con Kevin Warsh al frente ha supuesto un jarro de agua fría tras jornadas de optimismo creciente. El reciente anuncio de un acuerdo entre EE UU e Irán —aún pendiente de firma— había impulsado la caída de los precios energéticos y alimentado la idea de que unas menores presiones inflacionistas permitirían a la Fed relajar su discurso y aparcar nuevas subidas de tipos. No hasido así. El tono adoptado por los responsables del banco central ha sido sensiblemente más agresivo de lo que anticipaban los mercados e incluso de lo que desearía el presidente de EE UU, Donald Trump. Por primera vez en muchos meses, la decisión se ha adoptado por unanimidad: todos los miembros han votado a favor de mantener los tipos sin cambios. Aunque el movimiento estaba descontado, lo que inquieta a los inversores son otros elementos del mensaje. Tras meses dejando la puerta abierta a nuevas rebajas, el banco central elimina del comunicado cualquier referencia a ajustes adicionales y, sobre todo, evidencia un giro en su sesgo: la mitad de los miembros del comité se inclina ahora por tipos más altos en lo que queda de año.La reacción de los mercados no se ha hecho esperar. Las rentabilidades de los bonos a dos años repuntan con fuerza —14 puntos básicos—, la mayor subida desde abril de 2025, cuando el anuncio de los aranceles desató una oleada de ventas de activos estadounidenses. Por su parte, Wall Street, que durante buena parte de la sesión se movió sin un rumbo claro, terminó decantándose por las caídas: el S&P 500 cede más de un 1,2%, el Nasdaq alrededor de un 1,3% y el Dow Jones, un 1%. El giro más restrictivo de la Fed también se reflejó en el mercado de divisas, con el dólar se apreciándose un 1% frente al euro.En declaraciones a Bloomberg TV, Bob Michele, responsable global de renta fija en J.P. Morgan Asset Management, subraya el sesgo restrictivo del mensaje de la Fed y advierte de que los responsables monetarios están preparando al mercado para un escenario de tipos más altos. A su juicio, la economía no está en condiciones de sostener unos tipos más bajos y anticipa que, tras los últimos movimientos, Kevin Warsh acabará decepcionando a Donald Trump. No es ningún secreto el deseo del presidente estadounidense de ver un coste del dinero más reducido. Aunque en la toma de posesión instó a Warsh a actuar con independencia, el mercado conoce bien la presión que puede ejercer: durante los dos últimos años, con Jerome Powell al frente, sus críticas e incluso insultos han sido recurrentes, llegando a impulsar la apertura de una investigación penal.Por su parte, los analistas de Goldman Sachs consideran que este giro más restrictivo no responde únicamente a la evolución reciente de los precios energéticos. Aunque en las últimas jornadas el petróleo y el gas se han alejado de sus máximos anuales, la solidez del mercado laboral y los últimos datos de inflación apuntan a una economía estadounidense resistente, pero con unas presiones de precios que siguen mostrando dificultades para reconducirse hacia el objetivo del 2%. Para los analistas del banco estadounidense, la Fed todavía puede esquivar las subidas, pero reconocen que el margen es cada día más limitado.La decisión de la Fed llegó con los mercados europeos ya cerrados. Hasta ese momento, el apetito por el riesgo de los inversores parecía no tener límites, y la Bolsa española fue el mejor reflejo de ese optimismo. El Ibex encadenó su quinta sesión consecutiva al alza y, como viene siendo habitual desde que comenzaron a trascender las primeras informaciones sobre un posible acuerdo entre Washington y Teherán, lo hizo con fuerza.Frente a unos índices europeos que empiezan a dar señales de fatiga, el selectivo español avanzó un 1,35% y conquistó una nueva cota: los 19.400 puntos. Desde el pasado viernes, el mercado ha retomado la dinámica de encadenar máximos históricos y, en apenas cinco sesiones, ha recuperado 1.279 puntos. En este buen desempeño, la banca ha vuelto a ejercer de motor, con subidas destacadas que oscilan entre el 2,83% de Bankinter y el 2,25% de Santander.Al margen de la política monetaria, el otro gran foco de los mercados sigue siendo la evolución de los precios energéticos y las noticias procedentes del frente geopolítico. El Brent, que en las últimas cinco sesiones se había dejado en torno a un 15% —al pasar de los 93 a perder la cota de los 80 dólares—, trata ahora de estabilizarse. El crudo de referencia en Europa repunta un 0,75% y se sitúa en los 79 dólares.Los economistas advierten de que el regreso a los niveles previos al conflicto será lento. Más allá de la eventual reapertura del Estrecho, aún queda por delante reactivar toda la cadena operativa: desde el desminado de la zona hasta la reconstrucción de infraestructuras clave. Todo ello en un contexto especialmente delicado, con la Agencia Internacional de la Energía alertando de que las reservas se encuentran en mínimos desde 1990.En el frente geopolítico, se van filtrando con cuentagotas los términos del acuerdo. El presidente estadounidense llegó a matizar algunos de sus compromisos, entre ellos la creación de un fondo de desarrollo de 300.000 millones de dólares, sin que ello haya alterado el rumbo de las Bolsas.En este contexto, los mercados afrontan un escenario más incierto del que anticipaban hace apenas unos días. La combinación de un banco central que endurece su mensaje, unas tensiones geopolíticas aún lejos de disiparse y unos precios energéticos que difícilmente volverán a la normalidad a corto plazo devuelve a los inversores a un terreno menos complaciente. La hoja de ruta se complica: la Fed gana protagonismo, el margen para el optimismo se reduce y cualquier sorpresa —en inflación, crecimiento o política— puede volver a agitar unos mercados que hasta ahora habían preferido mirar solo el lado positivo.Bolsas - Divisas - Deuda - Tipos de interés - Materias primas