InvestigaciónCinco meses tras la captura de Maduro, los venezolanos aseguran que el cambio prometido aún no se refleja en sus ingresos ni en su vida cotidiana.Desde el 3 de enero, fecha en la que Estados Unidos capturó a Maduro, Donald Trump ejerce una influencia directa sobre el régimen venezolano. Foto: EFE / AFP / Ilustración elaborada con IA / EL TIEMPOCORRESPONSAL DE EL TIEMPO EN CARACAS16.06.2026 23:01 Actualizado: 16.06.2026 23:01
José Quintero trabaja como taxista en Caracas desde hace 20 años. Como muchos venezolanos, no celebró en público la captura de Nicolás Maduro y de Cilia Flores el pasado 3 de enero. El temor era evidente: expresar abiertamente satisfacción por la caída del líder del régimen podía significar problemas con las autoridades e incluso la cárcel. LEA TAMBIÉN Aun así, creyó que la situación comenzaría a mejorar para millones de ciudadanos atrapados entre salarios de miseria y una inflación que en mayo fue de 6,3 por ciento, según el Banco Central de Venezuela. Cinco meses después, esa expectativa sigue sin cumplirse.La razón la vive todos los días en carne propia. Para llevar el sustento a su hogar, Quintero no solo trabaja como taxista; también es mecánico y, de vez en cuando, da clases particulares de boxeo. “Todo para llevar la comida a la mesa”, cuenta a EL TIEMPO.Por eso, mira con escepticismo los mensajes de optimismo que llegan desde Washington. “Maduro no está, estamos felices por eso, pero cuando Trump dice que aquí estamos bailando y felices es mentira”, agregó Quintero.La bonanza que exhiben algunos sectores de Caracas todavía parece lejana para parte de la población. Foto: Ana María Rodríguez Brazón. EL TIEMPOLos negocios florecen, los salarios noLa percepción de Quintero contrasta con la imagen de recuperación que intenta proyectar la capital venezolana. Desde el 3 de enero, Caracas se ha convertido en un destino atractivo para empresarios e inversionistas en busca de nuevas oportunidades de negocio.En sectores exclusivos de la ciudad proliferan las reuniones entre inversionistas extranjeros, representantes de fondos de cobertura y empresarios vinculados a la industria petrolera.Los vuelos internacionales se han reactivado, más de diez aerolíneas operan nuevamente en el país y la producción petrolera ha repuntado hasta los 1,2 millones de barriles diarios. Además, compañías como Chevron han ampliado su presencia en el mercado venezolano en medio de la flexibilización de las restricciones económicas y la recuperación gradual del sector energético. LEA TAMBIÉN La administración de Delcy Rodríguez también ha impulsado cambios regulatorios para atraer capital privado, incluyendo modificaciones en el sector energético y señales de apertura a futuras privatizaciones.Estas medidas han sido bien recibidas por los mercados, pero continúan generando cuestionamientos entre sectores opositores que consideran que la apertura económica no ha venido acompañada de reformas democráticas de fondo.Además, la bonanza que exhiben algunos sectores de Caracas todavía parece lejana para buena parte de la población, que sigue enfrentando bajos salarios, dificultades para acceder a servicios básicos y una pérdida constante de poder adquisitivo.Esa brecha entre los indicadores económicos y la realidad cotidiana de los venezolanos también contrasta con la lectura que hace Washington sobre la situación del país. El dinero ingresa y es administrado por Estados Unidos, lo que ha llevado a Donald Trump a afirmar no solo que la encargada, Delcy Rodríguez, es una gobernante “maravillosa”, sino también que los venezolanos están “bailando en las calles”.Decenas de personas viendo los ejercicios de EE. UU. en la Embajada en Caracas. Foto:AFPLa realidad de muchos ciudadanos, sin embargo, dista de ese panorama. Con una inflación que devora los salarios y supera el 600 por ciento, la mitad de la población adulta depende hoy de aplicaciones de microcrédito para adquirir alimentos básicos.El ingreso mínimo, sumando hasta dos o tres trabajos, puede ser de 240 dólares frente a una canasta básica de 730 dólares.El salario que da el Estado es de 130 bolívares, menos de 27 centavos de dólar.Esta profunda brecha económica ayuda a explicar por qué las declaraciones optimistas de Washington encuentran cada vez menos eco entre los venezolanos.Mientras Washington flexibiliza sanciones al Banco Central y negocia opacamente la inyección de dólares en el aparato estatal, la aprobación de Trump entre los venezolanos ha sufrido una caída drástica. LEA TAMBIÉN Apenas 2 de cada 10 ciudadanos respaldan el actual proceso de diálogo e interlocución con el gobierno interino de Delcy Rodríguez.El desencanto con la transiciónEl principal reclamo sigue siendo la ausencia de una hoja de ruta clara para la celebración de elecciones presidenciales. Diversos dirigentes opositores y organizaciones civiles sostienen que la captura de Maduro abrió una oportunidad para una transición democrática que, cinco meses después, continúa sin materializarse.Esa demora ha alimentado una creciente sensación de decepción y desconfianza: muchos ciudadanos acusan a Trump de haber relegado las promesas de democratización para privilegiar los intereses energéticos de Estados Unidos.Mientras los hoteles de alta gama de la capital se transforman en centros de negocios para fondos de cobertura extranjeros, la realidad de las mayorías transcurre lejos de esos salones. Es la realidad de Gladys Gutiérrez, una enfermera que debe acumular múltiples empleos informales para sobrevivir.Avenidas, sedes ministeriales y guarniciones de Venezuela han ido desplazando la imagen de Maduro. Foto: Ana María Rodríguez Brazón. el tiempo“Agradecemos lo que pasó el 3 de enero, pero no vemos ni elecciones ni cambios”, dijo Gutiérrez.Aunque el gobierno encargado ha promovido una ley de amnistía y ha anunciado la liberación de cientos de presos políticos, organizaciones de derechos humanos aseguran que numerosos detenidos siguen privados de la libertad o sometidos a medidas restrictivas. Para muchos venezolanos, estos gestos son insuficientes mientras no exista una solución política definitiva.De ahí que, para quienes continúan marchando y protestando, la llamada “apertura comercial” sea vista con escepticismo. Muchos la consideran un pacto entre élites que mantiene intacta la precariedad generalizada y que permite que los beneficios de la recuperación petrolera permanezcan en las esferas del poder sin llegar al bolsillo del ciudadano de a pie. LEA TAMBIÉN Esa frustración también es compartida por sectores de la oposición que respaldaron la captura de Maduro y esperaban una transición más rápida.“Para el ciudadano común no hay ningún avance económico real; el venezolano no siente en el bolsillo esa supuesta recuperación. Los estadounidenses sienten que les llega petróleo, pero el venezolano no ve el beneficio aquí. Tampoco se puede creer que hay un cambio político real solo porque liberaron a unos presos, mientras los victimarios siguen ahí”, dijo a EL TIEMPO el opositor Freddy Superlano, quien estuvo 19 meses preso y en febrero fue excarcelado.Ese sentimiento trasciende a los dirigentes opositores y se escucha también en las calles de Caracas.“Sabemos que Trump no tiene que hacer todo el trabajo, pero también sabemos que mientras sigan los mismos en Miraflores, es imposible el cambio”, dijo Carmen Ruíz, una ama de casa que sobrevive con una pensión de 130 bolívares, equivalente a menos de 27 centavos de dólar. A ese monto hay que sumarle 70 dólares de un bono mensual que entrega el mismo Gobierno.El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Foto: EFE/EPA/BONNIE CASH / POOLLa espera de respuestasAun así, muchos venezolanos creen que “Trump puede seguir haciendo algo”.Desde hace días, un grupo de familiares de presos políticos mantiene una vigilia día y noche a las afueras de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, esperando que el encargado de negocios John Barrett los reciba para exponer sus casos.Las vigilias de familiares se han convertido en una de las expresiones más visibles del malestar ciudadano. Durante los últimos meses, grupos de madres, esposas e hijos de detenidos han realizado concentraciones frente a cárceles, tribunales y sedes diplomáticas para exigir la liberación total de los presos políticos y la aceleración de una transición institucional que consideran estancada.Frente a la embajada hay una explanada de grama; ahí los familiares han puesto las fotografías de los detenidos. “No queremos más anuncios ni promesas; queremos que alguien escuche nuestros casos”, es lo que dicen estas familias. LEA TAMBIÉN A cinco meses de la captura de Maduro, Venezuela exhibe una paradoja difícil de ignorar: mientras algunos indicadores económicos muestran señales de recuperación y Caracas intenta proyectar una imagen de normalidad, una parte importante de la población sigue atrapada entre salarios insuficientes, inflación persistente y la incertidumbre sobre el futuro político del país. Para muchos ciudadanos, la promesa de cambio sigue siendo, por ahora, una expectativa incumplida.ANA MARÍA RODRÍGUEZ BRAZÓN - Corresponsal de EL TIEMPO - Caracas Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








