El primer Magano que entró a trabajar al Canal de Isabel II fue Andrés Avelino, en 1933. Originario de Fuencarral, entonces un pueblo independiente de la capital, consiguió un empleo como peón en unas instalaciones situadas en la carretera de Colmenar con el que inauguró una saga de 'canaleros', como se conoce popularmente a las familias tienen trabajadores de distintas generaciones, que sigue casi un siglo después. Porque tras él, en la empresa que lleva el agua hasta los hogares de más de 6,6 millones de madrileños 'aterrizaron' otros Magano: su hijo Manuel, en 1961; su nieto José Manuel, en 1987; y hace menos de tres años, su bisnieto, Álvaro, que superó las oposiciones y mantiene vivo el apellido –junto a sus tíos y algunos primos– y comparte empleador con su madre, Mari Carmen Denche, administrativa en la compañía desde 1990. La historia de esta familia madrileña discurre paralela a la de Canal y no es única. No se sabe con exactitud cuántas sagas de 'canaleros' hay, pero sí que se tiene la certeza que a lo largo de los 175 años de trayectoria de la empresa pública que se conmemoran esta semana han sido varias las generaciones que se han sucedido en su plantilla, que hoy supera las 6.200 personas. "Ser 'canalero' es un sentimiento, tenemos orgullo de pertenencia como le sucede a los hijos del cuerpo en la Guardia Civil", describe José Manuel, la tercera generación de 'maganos' en la empresa pública, donde llegó a capataz de red y donde ha estado trabajando hasta hace pocos años, cuando le jubilaron por enfermedad. Su vida laboral comenzó como electricista, pero cuando en los 80 llegó el boom de las depuradoras decidió prepararse las pruebas y postularse. Siguió los pasos de su padre sin necesidad de que este le obligara, a diferencia de lo que le había pasado a él unas décadas antes. "Yo no quería entrar a la empresa porque tenía un oficio como cerrajero, no me faltaba el trabajo y ganaba más con mejores horarios", cuenta Manuel, remontándose a principios de los años 60, el momento en el que su progenitor le planteó cambiar su futuro laboral. A sus 89 años conserva una memoria envidiable y recuerda una frase de su madre que contribuyó a convencerle. "Me dijo: 'Hijo, en el Canal el hambre pasa por la puerta pero nunca entra'. Porque entonces no se cobraba mucho, pero el empleo era estable", explica mientras sostiene en sus manos un carné profesional de su padre fechado 1947 en el que se ve a Andrés Avelino con el uniforme de trabajo: traje oscuro de pana, camisa blanca y gorra de plato. El hijo aceptó para probar y no sólo acabó jubilándose en la compañía, también acabó dando el testigo a sus tres vástagos y, mucho después, a su nieto Álvaro, que a sus 33 años es la cuarta generación. Escuchar a los Magano contando su vida laboral es hablar de la evolución de Canal para afrontar el crecimiento de la región y de la de la tecnología que ha revolucionado el servicio.Manuel cuenta que en Plaza de Castilla, donde trabajó durante décadas, había un cantón rodeado de campo donde los trabajadores tenían un huerto. Él mismo, asomado a la valla que da a la calle de Mateo Inurria, adivina a descubrir un laurel que plantó hace décadas y a buen seguro que sirvió para condimentar los ranchos que los compañeros hacían durante las guardias, muchas de ellas en días tan señalados como Navidad o Año Nuevo y que contribuían a fortalecer los lazos de amistad entre los presentes, que perviven durante décadas. "Nadie se acuerda de que en Canal trabajamos los 365 días las 24 horas, como los policías o los bomberos", apunta. Hoy, esas instalaciones son un museo, un parque y están rodeadas de viviendas y oficinas, que se han multiplicado en esta zona y en toda la región. Para atender a todas ellas ha sido necesaria una profunda renovación tecnológica. Atrás han quedado los callejeros, libros de cortes y referencias de válvulas que utilizaban Manuel y José Manuel cuando había una avería. Álvaro sólo necesita una tablet para tener en la mano todos los datos que necesita para su trabajo. "Ahora, las válvulas tienen sensores, wifi... todo está informatizado", cuenta el menor de la familia Magano, orgullo 'canalero' desde hace 93 años.
La familia Magano, orgullo 'canalero' desde 1933: "Es un sentimiento, como le sucede a los hijos del cuerpo en la Guardia Civil"
El Canal de Isabel II cumple 175 años y su historia discurre paralela a la de varias sagas familiares madrileñas que se han sucedido en la plantilla de la empresa como los Magano, con cuatro generaciones de trabajadores.










