Recorrí ese pasillo de la foto incontables veces desde 2003. Entramos con mi amigo y socio creativo Luciano Di Vito para llevar adelante un programa documental que se llamó Vida y vuelta, un ciclo que mezclaba historias de vida con situaciones extremas, como la de un navegante solitario o la de la extraña de las botas rosas, un relato que combinaba política, tráfico de armas, sexo y familias de alta alcurnia en los agitados años setenta. Entrar al entonces Canal 7 para hacer programas documentales fue una elección. Veníamos de la actividad privada y pagamos algún derecho de piso inevitable, pero una vez que aprendimos a dominar a ese animal mitológico, mitad ministerio y mitad medio de comunicación, logramos que se nos respetara. Trabajar en esos estudios, donde siempre había alguien dispuesto a contar historias de programas míticos, era una fiesta. Ese canal que muchos creen fácil de transformar en una BBC criolla tiene en su haber hitos para los medios y para la historia argentina. Tanto es así que la primera emisión del canal registró los festejos del 17 de octubre de 1951.

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