NoticiaEscenario legendario donde se coronaron Pelé y Maradona. Exposición 'Maradona Vive', un homenaje al futbolista argentino, en Bogotá. Foto: Cortesía de la exposiciónPERIODISTA16.06.2026 21:39 Actualizado: 16.06.2026 21:39

Si uno dice estadio Azteca, las palabras resuenan con un aire de épica. No se piensa solo en un estadio con su cemento, sus gradas, su pasto y su gente, se piensa más bien en un templo sagrado donde cada rincón guarda el recuerdo de varias de las mejores hazañas de la pelota. Allí, en ese Olimpo deportivo, los dioses han jugado a ser futbolistas y los futbolistas han jugado a ser dioses. En ese escenario, que es más museo que estadio, la Selección Colombia inicia su camino en el Mundial 2026 contra Uzbekistán.No será el más moderno del mundo ni el más hermoso ni el más grande ni el más acogedor, pero con seguridad es uno de los más míticos. Allí se jugaron dos mundiales y este ya es el tercero. En esa cancha, Pelé levantó la Copa del Mundo de 1970 con su espléndido Brasil. Allí mismo, Diego Maradona hizo los dos goles más comentados de la historia, los que le hizo a Inglaterra en la semifinal de México 86: uno perfecto con su zurda, y otro perfecto pero con su mano. Luego levantó el mismo trofeo de Pelé, tras ganar con Argentina la final contra Alemania, y como sus piernas ya estaban exhaustas de tanta hazaña en esa cancha, recorrió el campo en hombros.Diego Maradona Foto:Archivo EL TIEMPODice el escritor mexicano Juan Villoro que la mejor acústica del Azteca se concentra en el centro del campo. Desde allí debió escuchar Maradona el coro de los argentinos y el sonoro silencio de los alemanes, y de los mexicanos convertidos a alemanes. Luego, fue al vestuario y aunque estaba enloquecido, en medio de saltos y gritos con sus compañeros, tuvo tiempo para memorizar los detalles, el piso alfombrado de verde sintético, las paredes y los bancos tan blancos, y las ventanas por las que se filtraba la espesa luz del sol que se empecinaba en iluminar al ‘10’. “Y nosotros felices”, dijo en su biografía.Museo del estadio Azteca. Foto:Pablo RomeroEl estadio ha ido cambiando. Fue remodelado con un césped de primera generación, el audio fue mejorado y tiene luces modernas. Su capacidad se redujo de más de 100.000 localidades a 87.000 afortunados. El recinto, que durante la Copa del Mundo se llama Estadio Ciudad de México –aunque para todo sigue siendo el mítico Azteca–, reabrió en marzo tras permanecer cerrado durante casi dos años. Para este Mundial luce como recién hecho, pero hay que fijarse, como Maradona, en los detalles, o imaginarlos. Sentarse y mirar la inmensidad de sus tribunas, escuchar el sonoro bramido, fijarse desde su altura en el campo o cerrar los ojos y pensar en Pelé corriendo de lado a lado como una exhalación, o Maradona derrumbando ingleses en su camino hacia la gloria (¿cuántos fueron, 4, 5, 6?, Maradona contó que cada que algún pariente relataba la historia le sumaba uno más. Los mitos son así, aumentan su épica con el relato hablado).Estadio Azteca, en la inauguración del Mundial 2026. Foto:EFEEl estadio, que fue inaugurado en 1966, se niega al olvido. La gloria de Pelé y Maradona depende del templo donde hicieron sus gestas. Por eso es que al interior del Azteca existe un museo donde la figura de Maradona cobra relevancia. Hay esculturas, mensajes heroicos. “Diego cae de aquel salto victorioso, anotando el gol ‘la mano de Dios’, demostrando la belleza del fútbol”, dice en una placa que acompaña una escultura. “Maradona dribló, chutó, saltó, regateó...”, dice la descripción de una foto gigante, que capta el momento del gol con la mano. Los visitantes esporádicos no se pierden una visita al templo. Entrar, recorrer y tomar fotos hace parte del ritual turístico. Hace muchos años, en una visita, una encargada de logística, de voz y contextura gruesas, bramó que no se podía tocar la cancha. Pisarla por descuido o emoción significaba la expulsión antes de empezar el recorrido por el estadio. Hay pastos de fútbol tan especiales que no están hechos para los zapatos ordinarios. Nadie se atrevió a pasar por alto la advertencia.Estadio Azteca Foto:EFEOtros héroes reclaman protagonismo en este escenario. En 1967 estuvo el legendario portugués Eusebio con el Benfica en un partido contra la selección mexicana; allí México le ganó en 1999 la final de la Copa Confederaciones al Brasil de Ronaldinho. Y allí, en México 86, los hooligans hicieron su violenta aparición en América y se dieron de lo lindo con las barras bravas argentinas. El turno es de Colombia y Lorenzo sabe de qué se trata: “Es un estadio mítico, emociona con solo pisar ese césped y saber que ahí vimos al mejor Pelé y el mejor Maradona”. Los héroes de Colombia también serán parte de la historia del templo sagrado.PABLO ROMERORedactor de DEPORTESTwitter: @PabloRomeroETIG: pablo.romeromMás noticias de deportes Sigue toda la información de Deportes en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.