Ilhabela, en el litoral norte de São Paulo, vive una nueva ola de turismo impulsada por el aumento de los avistamientos de ballenas jorobadas. En 2025, se registraron 836 avistamientos en el archipiélago —récord histórico— y unas 25 mil personas acudieron a la ciudad exclusivamente para ver a los cetáceos, más del doble de los 12 mil visitantes de 2024.La temporada va de mayo a agosto, cuando los animales migran desde las islas cercanas a la Antártida hacia el noreste brasileño para reproducirse. Investigadores señalan que la región dejó de ser solo una ruta de paso y pasó a ser también una zona de alimentación, especialmente para ballenas jóvenes.
El impacto económico ya se siente entre los operadores locales. El empresario Marcos Cará afirma que la temporada de cetáceos supera económicamente a la de verano, con barcos saliendo dos veces al día y entradas que llegan a R$ 500 (US$ 98). La alcaldía prevé 2,3 millones de turistas durante 2026.
Con el crecimiento del turismo también aumentan las preocupaciones ambientales. El municipio finalizó una licitación para contratar 120 salidas en barco con biólogos y drones hasta 2027 para supervisar el cumplimiento de las normas del Ibama, que exigen una distancia mínima de 100 metros de los animales y un límite de 30 minutos de observación.













