Algunos pretenden parecer “profundos” repitiendo que el fútbol es el opio del pueblo. Tal vez ni siquiera saben de dónde viene esa frase ni el contexto histórico en que fue usada ni quién la dijo. Reducir el deporte más universal a un eslogan político es una forma superficial de crítica. El fútbol no debe ser visto como plataforma política ni como excusa para aparentar superioridad intelectual. Es un fenómeno cultural, social y humano que refleja valores de esfuerzo, disciplina y comunidad. Claro que puede ser manipulado por intereses externos, pero eso no lo define: lo que lo define es la pasión genuina de millones que lo viven como encuentro y celebración. El fútbol será un distractor solo para quienes se dejan manipular. Para los demás es un espacio de unión, aprendizaje y desarrollo. No confundamos el deporte con los usos que algunos hacen de él. PublicidadLa verdadera crítica debe apuntar a transformar lo que está mal, no a despreciar lo que nos une. Solo un carente de criterio pensaría que el G7 (Grupo de los Siete) que se reúne y decide sobre la economía global cambiaría algo por el fútbol. Preguntémonos con honestidad: ¿si no hubiera Mundial, cambiaría algo esa agenda? La respuesta es clara: no. Los grandes poderes seguirán tomando decisiones, con o sin fútbol.¿Me explico o no? El mismo Jesús en Mateo 13:16 dice: “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen”. En este pasaje Jesús no se refiere a la capacidad física de ver u oír, sino a la conciencia espiritual y crítica. Jesús invita a reconocer la verdad y no dejarse engañar por la ceguera del corazón y es una explicación que le da a los discípulos ante la pregunta de por qué él enseñaba con parábolas. Él respondió que no todos estaban preparados para comprender las verdades del reino de Dios. Algunos escuchaban, pero no entendían, otros veían pero no percibían. Este deporte no es el problema: lo es la falta de conciencia crítica. (O)PublicidadPublicidadJimmy Javier Freire Jiménez, psicólogo, Guayaquil