Hay cosas que son intocables en la reciente memoria democrática de Corea del Sur. La cadena de cafeterías Starbucks, que goza de una enorme popularidad en el país asiático, ha chocado de forma estrepitosa con una de ellas. La filial surcoreana de la compañía cerrará la próxima semana simultáneamente todos sus establecimientos para que los empleados sigan una lección de concienciación histórica, después de que una fallida promoción de la marca evocara la masacre de Gwengju de 1980, uno de los episodios más duros de represión durante la dictadura militar. Starbucks Corea anunció este lunes que, desde el presidente y los ejecutivos del grupo Shinsegae (matriz de la compañía que opera los comercios en Corea del Sur), a los empleados que atienden en los locales de la cadena recibirán un curso de capacitación destinado a mejorar la conciencia histórica y la sensibilidad social, según ha recogido la agencia surcoreana Yonhap.Por ello, más de 2.000 locales cerrarán de forma anticipada, a las 15:00 horas del próximo 22 de junio, con el fin de que el personal pueda seguir esa jornada un programa que incluye vídeos sobre historia coreana contemporánea y sobre cómo las empresas deben tener en cuenta sensibilidades históricas y sociales en sus decisiones de marketing.El incidente de relaciones públicas se remonta al mes pasado, cuando Starbucks lanzó el “día del tanque”, una campaña promocional de descuentos para su serie de vasos térmicos Tank (tanque, en inglés). Lo hizo el 18 de mayo, fecha exacta del aniversario de la masacre de la ciudad de Gwangju en 1980, un acontecimiento que los surcoreanos tienen grabado a fuego. Ocurrió en un periodo convulso del país. Tras el golpe militar del general Choon Doo-hwan, decenas de miles de personas se lanzaron a las calles de Gwangju exigiendo reformas democráticas. La incipiente dictadura decidió frenar el estallido, y el 17 de mayo de 1980 declaró la ley marcial en todo el país; al día siguiente envió 3.000 paracaidistas de élite que irrumpieron en la ciudad con tanques, helicópteros y vehículos blindados. Murieron 155 personas, la inmensa mayoría civiles; otras 110 lo harían más adelante a causa de las heridas y el número de desaparecidos ascendió a 81. Hubo torturas, violaciones, abusos de todo tipo. Pero el levantamiento del 18 de mayo es a la vez considerado uno de los episodios fundacionales de la transición democrática de Corea del Sur, que llegaría a finales de los ochenta. Se estudia en los colegios, hay películas y series, y la premio Nobel de Literatura Han Kang, que nació en Gwangju en 1970, la narró de forma magistral en Actos Humanos, una novela venerada en el país. Además, para la promoción del vaso térmico, Starbucks empleó la frase en coreano “golpéalo contra la mesa con un ¡tak!“, usando una onomatopeya que imita el sonido de un golpe seco. El eslogan, para muchos ciudadanos, ha evocado el intento de las autoridades de encubrir la muerte de un estudiante activista bajo custodia en 1987. La policía afirmó en su momento, también con una onomatopeya, que el activista se desplomó y murió después de que un interrogador golpeara la mesa con fuerza, cuando en realidad falleció tras haber sido torturado.Tras lanzar la campaña el mes pasado, las críticas contra Starbucks fueron inmediatas. Hubo protestas de ciudadanos indignados a las puertas de los locales, llamadas al boicot de sus productos, incluso el presidente del país, Lee Jae-Myung, criticó una promoción que se burlaba “de la sangrienta lucha de las víctimas y los ciudadanos”. “¿Cuántas vidas inocentes se perdieron injustamente ese día, y cuán grave fue la destrucción de la justicia y la historia que siguió? ¿Qué pudo haber impulsado a alguien a hacer algo así?“. Lee llegó precisamente al poder el año pasado tras el intento de su predecesor de imponer la ley marcial en el país, y decretar el envío de militares al Parlamento, en otro episodio que muchos surcoreanos conectaron de forma inmediata con la masacre de Gwangju. Miles de personas se lanzaron también entonces a la calle para proteger la democracia. A pesar del despido fulminante del responsable de Starbucks Corea, Son Jung-hyun, y de las disculpas públicas articuladas de inmediato por los ejecutivos de la filial surcoreana así como de la compañía matriz estadounidense, el terremoto se ha sentido en las ventas, con pérdidas estimadas en más de 10.000 millones de wones (unos 5,7 millones de euros).
Starbucks cerrará sus locales en Corea del Sur un día para una lección de concienciación histórica
La cadena de cafeterías arrastra críticas y pérdidas tras una fallida promoción que evocaba la masacre de Gwengju de 1980










