16 de junio, 2026 - 08h00Con la inauguración del Mundial 2026, las rutinas cotidianas se bañan de curiosidad, respecto a los desempeños de los equipos nacionales y sus resultados. Cada equipo de fútbol simboliza a un país, a sus habitantes, a sus esperanzas. ¿Por qué nos emocionamos frente a una pantalla? Las razones científicas se remontan a los años entre 1897 y 1904, cuando Ramón y Cajal desarrolló su investigación y descubrió que las neuronas tienen una vida individual, así en su teoría la Doctrina de la Neurona, sentó las bases, para que estudios posteriores descubriesen que la razón por la que nos emocionamos –frente a lo que le sucede al otro– son las neuronas espejo. Y la emoción del fútbol es doble, mucho más grande porque esos once jugadores en la cancha portan una camiseta que representa a millones. Cuando juega su selección, cada país hace una especie de tregua para ser espectador del juego. Porque simbólicamente son dos países que se enfrentan con estrategias, que sufren físicamente y que por 90 minutos procurarán llegar al terreno ajeno y disparar una pelota al centro del arco.Y los ciudadanos de cada país no escatiman recursos en adquirir camisetas, suscripciones a medios para observar los partidos, apostar a su equipo y adquirir toda serie de recuerdos que evoque ese Mundial, que en pocas semanas será historia. Pero, esos mismos ciudadanos pensarían dos veces si tienen que pagar un dólar más a un taxi o regatean el precio de los alimentos. Las neuronas espejo permiten comprender perfectamente lo que otros sufren, son la base biológica que nos hace humanos y son la razón de la empatía. Pero, hay momentos en los que las personas deciden ignorar lo que sucede a otras personas y seleccionar con quienes tienen empatía.O en otro escenario, las personas decidimos tener empatía solo con algunas personas y bajo determinadas circunstancias. Solo así se explica que, frente al asesinato de ocho personas, la sociedad ha dejado de movilizarse para pedir seguridad; que frente a la muerte de una estudiante de una universidad, los jóvenes universitarios no protesten pidiendo investigación y justicia. En resumen, la empatía es selectiva y en muchos casos se distancia de los valores profundos.De ahí que sea importante considerar esos dos recursos: las emociones y la empatía. Como mecanismos pueden ser canalizados para convocar a la sociedad a reconstruir su tejido social. Es hora de mirarnos como un solo equipo que lucha por meterle un gol a la delincuencia organizada, que somos un equipo capaz de organizarnos para proteger a las jovencitas de la violencia de género que asola a nuestro país.Las emociones y la empatía pueden canalizarse a través de recursos de comunicación, pueden convocarse, evocarse y difundirse. Y si existiera la voluntad política, todos podemos contribuir a cambiar el momento crítico en el que estamos. Por ejemplo, los gobiernos a diferente nivel y los medios de comunicación están en condiciones de aliarse para generar ambientes simbólicos que contribuyan a traer la paz.Esperamos que las selecciones latinoamericanas se destaquen, para que carguen de energía a quienes nos quedamos aquí y los acompañamos por las pantallas de televisores y celulares, y sufrimos cuando fallan y nos alegramos porque nos sentimos importantes. (O)