Muchos creen que las grandes fortunas se construyen vendiendo productos caros a personas adineradas. Sin embargo, la historia de varios empresarios demuestra exactamente lo contrario: el verdadero poder económico aparece cuando algo útil logra llegar a millones de personas comunes.Uno de los ejemplos más claros fue el crecimiento de la industria petrolera en el siglo XIX. Mientras otros buscaban vender combustibles a precios elevados para unos pocos clientes exclusivos, algunos entendieron que el negocio más inteligente era reducir costos y convertir el producto en algo accesible para todos los hogares. Cuando el kerosene dejó de ser un lujo y pasó a iluminar casas humildes, el mercado explotó de manera gigantesca.La lógica detrás de esto es sencilla. Obtener pequeñas ganancias de millones de consumidores puede generar mucho más dinero que depender de unos cuantos clientes ricos. Además, existe una ventaja todavía más importante: la estabilidad. Un negocio que depende de pocos compradores vive en permanente riesgo. Si pierde a uno de ellos, puede derrumbarse rápidamente. En cambio, cuando una empresa tiene una base enorme de consumidores, las pérdidas individuales casi no afectan su funcionamiento.PublicidadEsa visión sigue dominando la economía moderna. Las compañías más poderosas del planeta no crecieron cobrando precios imposibles, sino ofreciendo servicios accesibles a gran escala. Plataformas digitales, cadenas de comida rápida y servicios de entretenimiento funcionan gracias al volumen masivo de usuarios, no por venderle únicamente a una élite.El gran secreto no está solamente en cuánto dinero deja cada venta. La verdadera diferencia aparece cuando una idea logra conectar con muchísimas personas al mismo tiempo. (O)Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El Coca