ColumnaHay vicios tan nuevos, tan nuevos, tan nuevos, que ya son viejosLa que fue directora de la revista Vanity Fair en los años ochenta y noventa, Tina Brown.Mario Ruiz (Getty Images)El otro día soñé que me convertía en la editora de revistas más solicitada de España pero que para lograrlo tenía que establecer una íntima relación con los hombres más influyentes y sagaces de la prensa nacional, quienes se prestaban a un juego perverso conmigo a pesar de no haberme visto en persona jamás. Yo les daba información maliciosa de sus colegas y a cambio les pedía que me mandasen fotos de la luna en dos fases: gibosa creciente o llena. Ellos me las mandaban encantados porque estaban convencidos de que yo maullaba bajo la luz de sus satélites, pues era una gata despampanante con ojos verdes. Valoraban tanto a las mujeres que este dato fisionómico les parecía suficiente para confiar en mí. Después les persuadía por el poder que ellos mismos me habían dado y me acababan concediendo favores, en parte porque les parecía muy excitante ese juego hortera con regusto a Interviú en el que, en realidad, jamás iban a perder. Cuando por fin me decidía a compartir con todo el mundo el material y a dar mi opinión sobre lo increíblemente botarates y machirulos que me parecían, alguien me empujaba al vacío. Me desperté sobresaltada y con el estómago revuelto. Fui corriendo al baño y la imagen que me devolvió el espejo me corroboró que seguía teniendo ojos marrones. Mi pelo era rubio, aunque teñido. Sin embargo, continuaba trabajando en una revista. Afortunadamente, esta informa de novedades, paga a sus periodistas, no le da coba al enésimo refrito pretendidamente sesudo sobre la nouvelle vague de algún señoro con ínfulas y encima es rentable. Y aún así, nunca siento que reciba debido reconocimiento, en parte porque en ella no firman vaqueros. Ya lo dice mi compañero Dani Verdú en un libro apasionante, que supongo que me sugestionó para mi sueño, titulado La bola: el periodismo del siglo XXI está muy mal e internet tiene la culpa porque ha creado nuevos vicios. Algunos de ellos, a pesar de todo, qué antiguos parecen.Archivado EnOpiniónMedios comunicaciónRevistasSociedadInterviúNouvelle vagueDaniel VerdúMachismo
Una foto muy comprometida
Hay vicios tan nuevos, tan nuevos, tan nuevos, que ya son viejos









