Cabo SueltoEl mensaje de la izquierda es confuso, aunque no lo reconozcan en voz alta. Unos y otros se dicen al susurro: o cambiamos de hombre o cambiamos de sistemaJos� Luis Rodr�guez Zapatero y Jos� Luis �balos.EFEActualizado Domingo,
junio
23:02Audio generado con IALa sensaci�n t�rmica es esta: caminamos destemplados hacia un turbio final de legislatura (sea cuando sea) y donde hace m�s fr�o es en la izquierda. El pasacalles corrupto domina las avenidas y casi nadie sostiene ya demasiada esperanza en casi nada. Como en el final apote�sico de Felipe Gonz�lez, la cotidianidad de las cosas pasa por descreer de cualquier gesto del Gobierno. C�mo culpar al agn�stico cuando escucha o lee espantado las fabulosas narraciones por historias (la expresi�n es t�tulo estupendo del novelista Antonio Orejudo) protagonizadas por �balos y Koldo al tim�n de una trama pat�tica y corrupta, por Cerd�n pilotando la propia, por Leire D�ez zascandileando en mil despachos a la vez y por Zapatero bajo la lupa del orfebre. Cada uno haci�ndose su propio pan.Ni la realidad de Vox podr� activar el 'todos a una'. El sentimiento de espanto com�n que azuza a quienes creemos principalmente en el mundo avanzando est� en su punto m�s alto. No vale ya esa clara de huevo, la del miedo a la extrema derecha, para recomponer a una izquierda desmadejada donde escasea el personal cualificado al frente. El mensaje de la izquierda es confuso, aunque no lo reconozcan en voz alta. Unos y otros se susurran: o cambiamos de hombre o cambiamos de sistema.A la manera del escritor brit�nico Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras, el pesimismo alegre es el refugio m�s poblado a esta hora. El pesimismo pol�tico no es un estado de conciencia, sino una manera como cualquier otra de hacer astillas. Cuando los peri�dicos, el bolet�n de las radios y el telediario abren sus sesiones diarias con el desfile de cargos p�blicos y aprovechaos entrando y saliendo de la Audiencia Nacional es porque algo se ha roto y en el �nimo ciudadano empieza a calar un falso sintagma: "Lo mejor est� por llegar". Casi siempre es falso, pero funciona como est�mulo para el abatimiento.Los tiempos empezaron a cambiar y a la izquierda le coge con el fuelle cortito. Las razzias, los comisionistas, los sablistas, el desconcierto, los recelos cruzados y los rompetechos en n�mina arrasan con las propuestas potables (las hubo) de estos a�os. La econom�a no justifica todo. El rumor del desag�e subraya el deterioro y aviva el desencanto. El futuro inmediato pasa por encogerse de hombros ante la adversidad.






