Como tengo la vergonzosa costumbre de leer los peri�dicos con retraso, me he enterado tarde, por un art�culo de Carmen Mor�n en El Pa�s del pasado 23 de mayo (�La izquierda abatida�), de que la izquierda est� cansada, deprimida, qui�n sabe si desesperada. Ser�, pens� yo ingenuamente, por la imputaci�n del ex presidente Rodr�guez, o por la de �balos, o por la de Cerd�n, o por la de Azagra o la de G�mez, etc. Pero no, no es eso.El reportaje comenzaba se�alando que, hasta hace poco, ser de izquierdas era f�cil, estaba al alcance de cualquier mindundi; de hecho, todos los asalariados con conciencia de clase y todas las personas de bien eran de izquierdas (de derechas, en cambio, los empresarios, los obreros traidores al Partido y los ego�stas e insolidarios). Yo dudo que esto, que se presenta como un hecho, lo sea de verdad, pero no quiero interferir. El caso es que ahora, seg�n informa Mor�n, la izquierda ha cargado sobre sus espaldas una mochila con muchos otros paquetes: �ecologismo, feminismo, animalismo�, reciclaje, ahorro de agua y energ�a, rechazo del pl�stico y compra de proximidad y temporada; y la lista podr�a completarse con el multilateralismo, la autodeterminaci�n de g�nero, el pacifismo, la independencia de Palestina, la cancelaci�n de los discrepantes y -en nuestro pa�s- las simpat�as hacia los secesionistas catalanes y vascos, y la defensa de la rep�blica plurinacional, que el art�culo omit�a quiz� por falta de espacio.Ahora bien: no es el sobrepeso a�adido por estas nuevas cargas lo que provoca el cansancio de la izquierda. La dificultad estriba en que incluso a los asalariados y a los de a pie en general nos cuesta trabajo asumir las nuevas causas. Seg�n una sindicalista de la UGT, el problema es la falta de �pedagog�a social�. La gente no ha sido bien adoctrinada en la nueva agenda pol�tica de la izquierda, que exige una altura moral y una formaci�n intelectual que a muchos nos falta.La cr�nica incluye el enternecedor testimonio de uno de los principales fil�sofos de Piedralaves, marxista por m�s se�as y candidato al Senado por Podemos. �Qu� dir�n ustedes que hizo al enterarse de que sus vecinos (a quienes aspiraba a representar) eran unos paletos incultos que practicaban la caza y disfrutaban con el toreo, que no acababan de comprender lo del cupo catal�n, lo de la reducci�n de las penas a los violadores ni lo de la amnist�a para los golpistas? Pues as�mbrense: en lugar de echarles en cara su ignorancia con acritud, en un acto de condescendiente generosidad s�lo comparable al que hizo Dios cuando se convirti� en hombre, decidi� sentarse a comer con ellos y a hacer �pedagog�a social� para investigar si eran intr�nsecamente fascistas o s�lo estaban enfadados, ya que en este �ltimo caso su enfado podr�a canalizarse en la buena direcci�n. Reconoce el pensador que �la conversaci�n no fue f�cil�. Pero, a pesar de ello, sigue intentando que en �vila se imponga el velo isl�mico en los colegios p�blicos como v�a privilegiada de integraci�n en la cultura ilustrada.En vista de lo arduo de la tarea, los iletrados nos preguntamos por qu� se ha complicado tanto la vida la izquierda. Supongo que en otro reportaje de fin de semana se explicar� que es una cuesti�n de responsabilidad hist�rica. Pero, mientras llega ese argumento, dejo caer algunas hip�tesis, seguramente descabelladas. Yo dir�a que, por muy pesados que sean estos nuevos ingredientes de la mochila izquierdista, ninguna carga puede compararse con la que llevaba a sus espaldas el proletariado cuando se hizo de �l la clase elegida para liberar a la humanidad de todas sus servidumbres y miserias. �No ser� que, all� donde los trabajadores pudieron alcanzar la plenitud de sus derechos civiles y unas condiciones de vida que les permitieran ejercerlos con dignidad, se sacudieron el yugo del Partido y mandaron a paseo su conciencia de clase, convirti�ndose en clase media no estabulada electoralmente, es decir, dejando de ser la clientela cautiva de la izquierda? �No habr� sido esa fuga la que oblig� a la izquierda a buscar nuevos combustibles con los que llenar una mochila que se hab�a quedado sin carne de ca��n y a fabricar en su batidora ret�rica la nueva papilla progresista a lo Frankenstein?Por otra parte, esta izquierda filos�ficamente superior siempre ha tenido que hacer mucha �pedagog�a social�. Ya en la �poca heroica del movimiento obrero se desesperaban los sindicalistas porque los proletarios no comprend�an las complej�simas teor�as desarrolladas por Marx, y a pesar de los infinitos grupos de estudio creados para explicar la plusval�a, la ley del descenso de la tasa de ganancia, la conversi�n del valor en precio, las rentas de la tierra y el fetichismo de la mercanc�a, no les quedaba del todo claro por qu� estaban destinados a sacrificarse en el ara de la historia como el Cristo revolucionario que hab�a de salvar a la humanidad. Pero, con el tiempo, result� que no eran ellos los que ten�an dificultades de comprensi�n o falta de formaci�n cient�fica, sino la doctrina la que era una filfa. Lo digo por si acaso pudiera ser que ahora -Dios no lo permita- pasase lo mismo con el materialismo hist�rico de la nueva izquierda.Porque no conviene enga�arse sobre esto: lo que la izquierda actual llama �ecologismo�, �feminismo�, �animalismo� y un largo etc�tera no se reduce a la protecci�n del medio ambiente, la defensa de la igualdad entre varones y mujeres o el rechazo de la crueldad hacia los dem�s animales en la medida en que estas causas son compartidas por una ampl�sima mayor�a social. Por el contrario, bajo esos �ismos� se oculta un intento de monopolizar unos fines cuya bondad nadie cuestiona, ofreciendo una versi�n lo suficientemente sectaria y fundamentalista de ellos como para excluir a la mitad de la poblaci�n consider�ndola depredadora, machista y s�dica. Que alg�n energ�meno se identifique con ese clich� brutal para escandalizarles no es extra�o: son ellos los que han provocado la confusi�n.Intentando ofrecer alguna esperanza entre tanto cansancio, el art�culo se�alaba algunas �alegr�as� de la izquierda en estos tiempos tan sombr�os para ella, a saber, las que provienen del �nacionalismo regional� (no se espante el lector ante este aparente ox�moron, que designa uno de los componentes b�sicos de la batidora antes mencionada: seg�n la nueva doctrina, los nacionalismos regionales son todos de izquierdas, mientras que los nacionalismos nacionales son siempre de derechas). La expresi�n se refiere a los resultados de Adelante Andaluc�a en las �ltimas elecciones auton�micas en esa comunidad. Qu� alegr�a, en efecto, y qu� contenta debe de estar la izquierda al ver que su �nica v�a para �avanzar� es el soberanismo populista, creando una suerte de Bildu frito a la andaluza, como los calamares.Es, sin embargo, siempre el pensamiento cr�tico lo que ilumina la oscuridad: la autora del art�culo consulta a otra fil�sofa marxista y ex diputada de M�s Madrid, quien le pide a la izquierda m�s ambici�n si quiere rescatar a la juventud amedrentada de las garras de Vox. Al rev�s de lo que exig�a la muchedumbre en una de las mejores vi�etas de El Roto (y la favorita de Miguel �ngel Aguilar) mientras bland�a una pancarta que dec�a �Queremos mentiras nuevas�, la fil�sofa recomienda volver a las mentiras viejas y atreverse a �cargarse el capitalismo� (sic). Acerca de qu� es lo que habr�a que erigir sobre sus ruinas no se hace alusi�n alguna, lo que no es grave porque disponemos de una gran variedad de modelos ejemplares, desde la URSS hasta Corea del Norte, pasando por la Cuba de los Castro, la Camboya de los Jemeres Rojos y la Venezuela de Ch�vez y Maduro. A elegir.No voy a negar la mayor: es posible que la izquierda est� fatigada y exhausta. Pero es mucho m�s lo hartos que estamos de ella los que la votamos alguna vez, despu�s de que depusiera los machetes y antes de que conectase la batidora. A ver si en vez de estar cansados su problema va a ser que son muy cansinos.Jos� Luis Pardo es fil�sofo, ensayista y profesor em�rito de Filosof�a de la Universidad Complutense de Madrid
La izquierda batida
Como tengo la vergonzosa costumbre de leer los peri�dicos con retraso, me he enterado tarde, por un art�culo de Carmen Mor�n en El Pa�s del pasado 23 de mayo («La...







